Acompañando el comienzo de una nueva vida (sin cuerpo)

La vida es una gran maestra, y la muerte también. Que aquellos a los que amamos, sean de la especie que sean, vayan abandonando su cuerpo es una lección infinita especialmente para los que se quedan.

Cada proceso de partida del alma es distinto, las situaciones que la rodean son distintas y el nivel de consciencia de los participantes también, esto hace que cada caso sea único e irrepetible, y por tanto una oportunidad mágica para aprender un poco más sobre este vaivén en el que vivimos. Tras cada despedida del cuerpo, el que se va no solo concluye su gran lección sino que, una vez “del otro lado”, puede asentar mucho conocimiento que se transforma de ideas a certezas.

Para mí, la información que los animales (humanos o no) me proporcionan cuando ya solamente viven en espíritu es eternamente valiosa y siento además que es un pozo de conocimiento que nunca tendrá fin, vasto como el Universo. Así que cómo no aprovechar las ocasiones que tengo para compartir estas experiencias…

Cada vez más, siento que existe una toma de consciencia común para todos los seres que llegan al otro lado en cuanto a la importancia de vivir y el cómo hacerlo. Es por esto que siento tan importante compartir algunos de los mensajes que me transmiten (siempre con el consentimiento de la persona responsable), porque siento que entre sus líneas siempre se esconde una guía que marca el camino correcto que, por cierto, es el que menos piedras contiene.

El mensaje que comparto hoy fue transmitido por una perra que recientemente abandonó su cuerpo. Sus palabras nos pueden invitar a reflexionar sobre cómo los animales con los que vivimos asumen nuestras emociones para que no enfermemos, cómo intervienen para que modifiquemos nuestras conductas hacia otras más sanas, o puede ser una invitación para que pongamos en orden, una vez más, lo que es verdaderamente importante para nosotros en esta vida y las experiencias que decidiremos que nos acompañen.

Os dejo con su mensaje y con el deseo de que vuestra vida se llene de gozo, que vuestros actos estén llenos de resonancia con aquello que en realidad sois y que permitáis que muchos otros os acompañen para que puedan empaparse de vuestra pasión por vivir.

Un abrazo grande.

Maya. Una despedida tras 17 años de vida perruna

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