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Animales domésticos y separaciones

Las separaciones siempre son dolorosas, tanto para el que se va como para el que se queda. Sin embargo, en una separación no siempre está solo la pareja sino también los demás seres de la familia, que se ven perjudicados por algo que no va directamente con ellos.

Por mi trabajo, he estado presente en algunas separaciones que afectaban a animales domésticos, por lo general perros y gatos. En ellas, el objetivo siempre fue llegar a un acuerdo sobre el destino, la custodia y las condiciones de los animales.

Nuestra sociedad ha cambiado radicalmente en muy poco tiempo, no me cansaré de decirlo. A día de hoy nos encontramos con nuevos retos inexistentes hace 40 o 50 años. Incluso ahora, por los diferentes niveles de conciencia y experiencia estas situaciones continúan sonando increíbles para algunas personas, pero lo cierto es que los perros y los gastos son ya un miembro más de la familia y, por tanto, su opinión se ha vuelto importante en una situación como una separación.

Diría que es en estas casos en donde la figura del comunicador animal tiene una relevancia especial. Soy consciente de que nuestra figura todavía es raro, que no es aun conocida por todo el mundo y que a muchas personas les genera incluso desconfianza. Sin embargo, cuantos más años pasan más se afianza el valor de nuestra labor y, con ello, mejores condiciones disfrutan los animales en general, pero más en concreto los domésticos.

Es gracias al esfuerzo de muchos comunicadores que han pasado antes que yo, que hoy existen personas que acogen con cierta normalidad e incluso sentido común el preguntarle a sus compañeros animales qué desean hacer respecto a una ruptura en la familia. También otros profesionales que vienen detrás mía están encontrando muchísimas más facilidades de las que yo me encontré al llegar, y eso es maravilloso. Todos nos estamos abriendo el camino, los unos a los otros.

En una situación como la que comentaba, la comunicación animal puede representar un trabajo realmente profundo cuando las dos partes están dispuestas a oír y atender las necesidades que el animal desea expresar e incluso su punto de vista sobre la situación. Es gracias a ese punto de vista del animal, lleno de respeto y cariño, que incluso he podido estar presente en reconciliaciones de parejas.

Cuando estamos en medio de un conflicto con alguien a quien hemos amado mucho, sus palabras nos hieren y todo lo que nos diga nos parece un ataque al que hay que responder. Sin embargo, cuando es el animal el que habla de ambos, desde una visión neutra, los dos están más receptivos a oír las luces y las sombras y es por esto que el entendimiento puede surgir. Así, aunque por lo general la separación continúa adelante, se abre un espacio en el que la pareja puede expresar con mayor ternura su visión de la situación.

Que el animal pueda ayudar a sus cuidadores a llegar al encuentro es evidente que requiere de cierta madurez y profundidad por parte de sus responsables y esto no siempre se da.

Lo vengo diciendo hace tiempo y es que, al igual que ocurre con los niños en las separaciones a partir de cierta edad, también los otros miembros animales deberían poder elegir en donde quieren vivir o qué condiciones necesitan. Tanto perros como gatos tienen sus propias preferencias y necesidades por lo que el humano que les acompaña ha de mantenerse muy atento para poder satisfacerlas.

En muchas ocasiones, cuando el vínculo de la personas con el animal es estrecho, los cuidadores pueden determinar con facilidad con quién siente más afinidad, pero en otras circunstancias se encuentran totalmente perdidos. Más allá de esto, la comunicación da un paso extra, y es que en ciertas situaciones el animal no solo elige con quién quedarse por afinidad sino por lealtad e incluso por necesidad.

Trabajaba esta semana con un grupo de gatos que están viviendo una situación de separación como la que describía. Cada uno tenía una visión totalmente diferente sobre su futuro, y la mayoría no lograban elegir con quien deseaban quedarse sino que, más bien, encontraban dificultad para posicionarse, y ahí es en donde nosotros, los humanos, recibimos una gran lección.

Nos han enseñado desde niños que no podemos querer a papá y a mamá a la vez, o no con la misma intensidad, en especial cuando estos se separan. Esta idea errónea, que yo misma he vivido hace un porrón de años y que miles de niños siguen viviendo, está todavía muy latente en nuestra forma de relacionarnos.

Implícitamente, de un modo muy sutil, tanto mamá como papá nos enseñan con su lenguaje, con sus formas y con sus actos que debemos decidirnos por uno de los dos. Esa decisión está muy lejos de determinarse por nuestras propias emociones o sensaciones sino que se basa en otras condiciones que, por lo general, un niño no aprecia. Es ahora que empieza a haber cada vez más casos de equidad, en los que el niño puede disfrutar por igual de su mamá y su papá; más allá de la madurez emocional que estos tengan y de las facilidades o dificultades que den al niño para poder quererlos a ambos por igual. Bastante verdes.

En el caso que comentaba de esta semana, casi todos los gastos expresaban su amor por ambos cuidadores y la forma en que se veían empujados a tomar parte en una decisión que no querían tomar. Curiosamente, ninguno de sus cuidadores pedían que decidiesen con quién estar pero supongo que de algún modo esa pregunta estaba implícita en el encuentro.

¿Cómo abordar una separación que te toca “de rebote” cuando en realidad no quieres separarte de ninguno de los dos pero los dos no quieren volver a estar juntos? Realmente complicado. Sin embargo, la comunicación permite valorar también otros aspectos como: qué valora del lugar en el que vive, qué tipo de experiencias desea vivir, qué lealtades guarda hacia cada uno, qué afinidades siente por cada uno e incluso con el resto de animales… y en base a todo eso, tomar como responsables esa complicada decisión. Como cuidadores estaremos siempre en el peligro de equivocarnos, hagamos lo que hagamos, y es que cuando tomamos decisiones sobre la vida de los demás la certeza absoluta desaparece. ¿Quién podría saber qué es lo mejor para cada uno?

Lo que sí hay claro es una cosa, quienquiera que nos acompañe se beneficiará de nuestra paz y de nuestra alegría. A nadie le gusta estar cerca de una persona que vive triste, enfadada o amargada. Por amor, acompañamos, pero si pudiéramos elegir preferiríamos que esa persona estuviera feliz y satisfecha de estar en donde está. Es por esto que los animales, yendo un paso más lejos de nuestra visión, priman por lo general nuestro bienestar de forma que prefieren que estemos felices a que estemos juntos, algo que a nosotros con frecuencia nos cuesta decidir.

Así que, aun a riesgo de equivocarnos en el modo de gestionar una separación, lo que debemos tener claro es que nuestra felicidad beneficia a los seres que nos acompañan directamente, y aunque en un primer momento sufran (porque sufrirán) por el cambio, después podrán beneficiarse de sentirnos en calma. Recordemos que ellos se nutren de nuestras emociones, de nuestros avances, de nuestras aspiraciones y de nuestra propia realización.

Cuando nos mantenemos en una relación rota, no solo no somos felices sino que no permitimos tampoco al otro realizar su felicidad. Esto puede ser cómodo para el resto de animales de la familia pero en ningún caso les hará sentir plenos. Si queremos que los seres a los que amamos experimenten su plenitud nosotros debemos lanzarnos a experimentar (e incluso conquistar) esa plenitud. Más allá del miedo, del trauma o del sufrimiento pasado para llegar hasta ahí, ellos entrarán en resonancia con nuestra emoción más latente.

Podemos intentar protegerles del sufrimiento pero nunca podremos aislarle de él, pues eso es vivir, muchas alegrías pero también mucho dolor. Estamos llenos de experiencias que nos permiten aprender y valorar realmente lo que es sentir la dicha de vivir. Sin días grises los días rosas dejarían de ser especiales.

Abrazos.

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