Caracoles y pajarillos

Desde el mismo momento en que nacemos -si no antes- estamos generando sufrimiento en los demás aunque, como en el caso del parto, ese sufrimiento “compense”. Nos guste o no, vivir implica sufrir y hacer sufrir. Eso sí, también implica muchas otras cosas.

Si observamos con profundidad esta idea, podemos comprobar que nuestra existencia está llena de huellas de sufrimiento, desde cómo nos vestimos hasta cómo nos alimentamos. Como ya he comentado en otras ocasiones, por muy veganos que seamos lo que nos rodea está lleno de mini-vidas que pisamos o que ingerimos sin darnos siquiera cuenta. Del mismo modo, y con mayor perspectiva, el uso por ejemplo de algo tan cotidiano como la gasolina implica un impacto brutal en otros ecosistemas. Incómodo pero realista.

Solo tomar conciencia de esto debería ser un argumento más que suficiente para dedicar al menos parte de nuestra vida a aliviar el sufrimiento de los demás. Esto no significa que tengas que asumir el dolor de los otros, solo tienes que estar ahí para acompañarles en la medida en que así te lo pidan.

A dónde quiero llegar… Ayer, mientras le enseñaba a mi hija un caracol diminuto que paseaba por el fregadero, un pajarito se golpeó contra el cristal de la cocina. Inmediatamente salí a buscarlo y lo encontré en el suelo retorciéndose. Lo cogí entre mis manos para que se calmase y no se hiciese más daño y, en ese momento, me vino este pensamiento:

Por muy guay que te creas enseñando a tu hija a amar a los animales, tu sola existencia está generando a la vez que otros sufran.

Esa reflexión, que en un principio podría resultar desoladora, me pareció un aliento para, por un lado recordar ser más humilde -esta cualidad nunca va en exceso- y por otra parte permanecer siempre en servicio, pues sin necesidad de salir de nuestra casa hay un sinfín de pequeños seres que necesitan de nuestra atención amorosa, amable y desinteresada.

Ya que hemos sido bendecidos con el milagro de la vida, aprovechemos para profundizar en lo que significa realmente cohabitar…

Un abrazo grande.

Pd. El campeón de las fotos es el aventurero que ayer se accidentó en nuestra casa. Tras unos mimos volvió en sí y se quedó durante un ratito en el suelo mirando para mí, más extrañado que agradecido. Después se echó a volar hasta el manzano que está frente a la cocina y al poco le perdí la pista aunque, lo que es la vida, ¡estaba muy sorprendido contando la hazaña a sus amigos!

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