Comunicación con Bimba, sobre el sentido de vivir

Caso

Isabel* contactó conmigo porque hace tiempo tuvo que tomar la decisión, casi de manera repentina, de dormir a la gata con la que vivía a causa de una grave enfermedad. Tras haber compartido 16 años con Bimba*, no tuvo tiempo suficiente ni para asimilar la enfermedad ni mucho menos su partida. El objetivo de esta comunicación era que Bimba pudiese transmitir a Isabel lo que necesitase para que de ese modo pudiese sanar su duelo.

El texto que se muestra a continuación es la transcripción íntegra del mensaje que compartió Bimba hace unos días y se publica con el consentimiento de Isabel para beneficio de todas las personas a las que les pudiera interesar.

(*) Los nombres, así como la imagen, han sido modificados para preservar la intimidad de todos los seres que intervienen en esta transcripción.

Comunicacion con Bimba (22/04/19)

Hola Bimba, soy Alba y estoy aquí para hablar contigo de parte de Isabel, ¿qué te parece?

Maravilloso… Cuánto tiempo. Será maravilloso, gracias…

[Silencio.]

Me transmite mucha paz sentir ese estado de transcendencia en el que te encuentras… Absolutamente fuera del cuerpo, fuera de apegos… y de todas esas emociones que son tan propias de este plano.

Es maravilloso… Cuando abandonas el cuerpo… Cuando esa vida se acaba comienza algo maravilloso. El miedo desaparece, también se van las preocupaciones, y todo lo que pesa se vuelve muy ligero. Sobre todo lo que más agradecí al irme fue perder la sensación del cuerpo, la conexión con mi propio cuerpo, el cual se había vuelto muy pesado, difícil de mover, y adames un traje muy hermético y muy doloroso.

En el momento en el que me fui el cuerpo me inmovilizaba tanto, me molestaba tanto, que comenzaba a molestarme hasta el hecho de vivir, y yo siempre deseé vivir, siempre me sentí alegre y agradecida aunque no comprendiera muchas cosas. Aunque a veces me sintiese desubicada, trastocada y generalmente asustada y sorprendida, aun así siempre me pareció un milagro la vida y el acto de vivir.

A veces el cuerpo te atrapa y se vuelve una cárcel… Hay momentos en los que te inmoviliza de tal manera que es difícil mantener en la mente la belleza y el sentido. Entonces todo se vuelve limitado y pierde su luz, no debiera ser así, pero ocurre.

Comprendo. ¿Qué crees que es lo mejor que podríamos hacer ante esas situaciones?

Supongo que lo mejor es aceptar y aprender a ver esa luz de la vida aun con esas circunstancias, pero no es fácil, especialmente cuando lo has tenido todo. Para aquellos que siempre hemos vivido como quisimos, sin límite ni freno, cuando aparece una enfermedad que nos sienta, que nos genera dolor… es curioso lo fácil que se vuelve perder toda la perspectiva en un momento.

Yo agradecí irme, en el momento en que Isabel decidió dormirme agradecí enormemente poder ya descansar. Para mí fue un alivio, como un suspiro largo que me devolvió a la vida. No sé si fui valiente o no, pero sé que todo fue como debía ser.

Considero haber vivido mi vida con mucha intensidad. No me he privado de nada, ni en lo físico ni en lo emocional, siempre me di libertad para todo dentro de lo que mis miedos permitían, ¿qué más podría pedir? Al final esa última etapa de miedo, de incomprensión y de dolor fue un período muy corto comparado con toda una vida de plenitud.

¿Qué crees que te enseñó ese proceso de enfermedad?

A ver sin miedo el proceso de los demás, y creo que Isabel necesita también comprender esto.

Cuando yo veía hacia los demás y me encontraba que sufrían, me mantenía muy lejos, emocionalmente y mentalmente estaba muy lejos de todo lo que el otro estaba viviendo. No podía soportar la intensidad de esos sentimientos así que ponía una barrera muy firme y ancha entre ese ser y yo. Siento que ni podía ni quería sentir lo que el otro sentía, y esto me hace creer que en realidad no era capaz de profundizar en las historias de los demás, ¿me entiendes?

Cuando veía el dolor de otros me bloqueaba, sentía miedo y sobre todo nerviosismo por no saber cómo reaccionar, como si quisiera hacerlo todo y al mismo tiempo no verme capacitada para hacer nada. Me he puesto muy nerviosa ante los procesos de los demás, muy nerviosa, sin ser capaz realmente de ponerme en el lugar de los otros ni de sentir que mi presencia estaba siendo en realidad de ayuda.

Siento que mi miedo a no ser capaz de gestionar, a no saber qué es lo correcto, hizo que al final siempre me mantuviese al margen de lo que otros manifestaban, no por no querer ayudar ni por no querer sentir, sino porque realmente creo que no podía. Me sentía en tal pánico que no podía ponerme en la situación de los otros.

Creo que cuando me puse tan malita la vida me enseñó cómo era estar de ese lado, y lo importante que era para el enfermo que el resto le acompañaran desde el corazón, con total entrega. No sé si te lo estoy explicando bien…

Hasta que estuve yo enferma no comprendí lo importante que es que, en esas situaciones, haya un corazón sincero frente a ti dispuesto a sentir lo que tú sientes, porque de algún modo desde ese momento pesa mucho menos, duele menos y adquiere mayor significado. Quizás todo ese proceso me llevó a comprender las veces que yo había esquivado mostrarme tan ofrecida ante las situaciones de los demás, que aunque siempre estuviese presente para ellos al final mi miedo no me permitía hacerlo desde una total entrega.

En ese último tiempo pude comprender que solo ese momento dio un sentido mucho mayor a la vida que cualquier otra cosa que hubiera hecho antes. Sentir en el otro su disposición para llevar tu propio peso es para mí lo que en realidad da valor a vivir.

¿Te refieres con eso a cómo Isabel actuó contigo?

Sí. Cuando la vi a ella frente a mí, dispuesta a llevar mi sufrimiento con tal de liberarme, entonces comprendí el verdadero amor, y por tanto el verdadero significado de vivir.

Había vivido mucho y además con mucha sensación de intensidad y disfrute, pero hasta que no vi eso en ella no sentí el verdadero significado de estar aquí. Sentí que podía haber hecho eso mismo yo por lo demás, desde la verdadera entrega, libre de miedos, y no lo hice. Sentí que había tenido muchas oportunidades para amar de ese modo, sin miedo a la muerte, sin desear preservar mi vida por encima de la de los demásA la vez sentí tristeza por no haber hecho las cosas de otro modo, pero también alegría por haber comprendido algo tan profundo al fin y al cabo, y por haberme abierto a ese amor.

En ese tiempo, aunque muy corto muy trascendente, sentí que cuanto más me abría al amor que los demás volcaban sobre mí más amor nacía en mí hacia los demás, y también hacia mí misma.

Tal vez a lo largo de mi vida no me amé lo suficiente, no tuve un autoconcepto lo suficientemente fuerte, no lo sé… Lo que sí sé ahora es que cuando ese último momento llegó me amé profundamente, me comprendí profundamente y todo lo que había vivido hasta ese momento cambió de significado.

Siento que malgasté demasiado tiempo en el miedo, en temer, en elucubrar, en prevenir… No me arrepiento porque sé que todo fue perfecto, decidí todo lo que podía haber decidido, pero también sé que de haber sido más valiente ante los sentimientos, ante la presencia de los demás, habría vivido con mayor intensidad y todo habría tenido más significado. Quién sabe a dónde me hubiera llevado eso.

En ocasiones siento que viví tantos años para tener tiempo suficiente de aprender todo esto sobre el amor, sobre ese significado que acabo de contarte y, a la vez, tengo la sensación que, de haber comprendido esto antes, me hubiera ido antes. Esto me hace reflexionar que quizás por ayudar a Isabel, a Pongo y a todos los demás debía aprender más despacio, para que ellos no sufriesen tanto o para que todos pudiésemos aprender durante un poco más de tiempo juntos, ¿comprendes? ¿Has sentido alguna vez eso?

Qué profunda eres, Bimba… Necesito parar un momento para reflexionar sobre eso.

Sí, creo que sí, aunque es una idea un poco densa creo que te he comprendido.

Quizás en ocasiones, tanto en mi vida como en las vidas que observo, haya tenido esa sensación de tener que retrasar el seguir avanzando para que todos puedan, mientras tanto, estar aprendiendo en lo que dura esa etapa anterior. Tal vez tampoco yo sea capaz de explicarlo bien, pero te entiendo.

Una vez aquí, en este lugar, todo adquiere un significado tan entramado, tan enraizado y para nada aislado, que uno reflexiona sobre muchas de esas cosas, no desde una visión de dolor ni nada parecido sino simplemente por seguir comprendiendo, asentando y dando un mayor significado a la experiencia de ahí, como Bimba.

A raíz de eso, ¿cómo consideras que fue tu vida como Bimba?

¡Bien! Fue muy bonita. Me queda pena por ese miedo, ya te lo decía antes, pero también entiendo lo necesario que fue. No lo juzgo, no me juzgo en nada de lo que hice porque todo lo que hice fue siempre decidiendo lo que creía mejor.

Me siento tranquila y orgullosa de no haber tenido nunca dentro de mí pensamientos ni sentimientos oscuros, eso no es nada sencillo y creo que es un logro del que me reconozco el mérito. Pude haber tenido miedos, haberme sentido bloqueada, paralizada… pero nunca quise hacer daño a otros, nunca sentí nada malo hacia otros, ni deseé nada malo hacia los demás. Quizás te parezca una tontería o te sorprenda que sea algo que mencione pero ahora, con el tiempo, después de tantas reflexiones en serio creo que es algo importante.

Muchas personas viven su vida con esa oscuridad, ese veneno dentro que les corroe y corroe todo lo que toca, hacen daño a otros y a sí mismos así como a todo lo que les rodea. No está bien vivir así… por eso estoy tranquila, porque en mí siempre hubo pensamientos y sentimientos de bondad, de cohesión, de armonía… y decidiese lo que decidiese, más allá del miedo siempre era buscando un bien superior y no un bien propio.

No creo que haya sido egoísta, de hecho creo que he sido muy entregada, tal vez no lo suficiente pero el miedo tampoco me permitía moverme más. Me siento feliz y orgullosa de haber dado tanto. Sí, creo que orgullosa es la palabra, como lo estás de un hijo. No es un orgullo malo, es algo que ensalza y da brillo hacia donde mira.

Cuando pienso en mí como Bimba, en ese cuerpo, me veo como una hija de la que me siento muy orgullosa. Creo que con las circunstancias que había lo hice bastante bien.

Me alegra mucho esa calma y esa plenitud que muestras.

Sí. También es cierto que ya llevo bastante tiempo aquí, eso se nota porque cada vez todo tiene un significado mayor.

¿Consideras que tuviste una vida feliz?

Sí, una vida feliz y tranquila. No fue una vida de sobresaltos y eso es algo que agradezco ahora con toda esta perspectiva. He sido realmente afortunada de vivir todo lo vivido con las circunstancias que tuve, otros no tienen esas oportunidades y eso me hace reflexionar especialmente.

Quizás esto sea algo a lo que me refería antes… Cuando yo vivía ahí no entendía el mundo de fuera, vivía muy ajena al mundo de fuera, como si estuviera en una burbuja. No comprendía que más allá de nuestro espacio existiese tanto dolor, tanto abandono, tanto maltrato, tanta oscuridad… Cuando estuve fuera del cuerpo y vi todo eso al principio me sentí paralizada totalmente, pero luego comprendí porqué había ocurrido así y lo agradecida que debía sentirme por haber podido disfrutar de tantas oportunidades.

Es posible que todos debáis reflexionar sobre esto mientras estáis en ese cuerpo porque una vez aquí ya todo se comprende fácil, y se vuelve tan obvio que ya no tiene sentido comprender. Ahí debéis tener presente ese mundo de fuera que siempre es más hostil que lo que hay dentro. Habéis de sentir agradecimiento por cada oportunidad, y por cada día con calor, con comida, con cariño…

Me siento muy agradecida de haber vivido una vida de lujo, con todo el cariño que necesité, con todo el alimento… ¡No sabes cuánto me mimaba Isabel con la comida! (Sonríe). Y todo siempre en un lugar caliente y seguro.

[Se entristece.]

¿Por qué te entristeces Bimba?

Quizás mientras estuve ahí viví ajena a las emociones de los demás y a lo que ocurría fuera pero ahora soy tan consciente de todo… que me duele. Saber que existe tanta hostilidad fuera de esas pequeñas burbujas de las familias y que nadie pueda hacer nada por frenarlo… Me duele que exista eso entre vosotros.

Te entiendo… Es complicado, sí, y a la vez supongo que hay pequeños gestos que podemos hacer por colorear este mundo y hacer que esa hostilidad cada vez tengo menos presencia.

Es difícil, desde aquí todo es muy intenso y se ve realmente complicado. Aun así, si algo da sentido a todo eso es el amor, por eso hay que seguir amando siempre, primero en casa y después hacia afuera, siempre en ese sentido. Si amamos solo hacia afuera no se sostiene, no tiene de dónde nutriste.

Qué profundo eso, qué bonito.

Siguiendo con otras preguntas, Isabel quería saber si te sentiste desplazada cuando Pongo entró en vuestras vidas.

Me sentí… incierta. Pero esa es una sensación que me acompañó toda la vida, muy propia de toda esa vida como Bimba. El miedo fue muy propio de mí, por desconocimiento, por esa incertidumbre… pero desplazada no me sentí, con miedo a serlo puede ser.

Pongo fue un auténtico regalo. Siento que cuando él llegó yo pude empezar a salir de mí misma, a ver cómo te explico esto… Cuando yo llegué estaba muy asustada, tampoco sabría explicarte el porqué pero durante mucho tiempo, y hasta que Pongo llegó, vivía con bastante tensión y preocupación por miedos que en realidad no tenían mucho fundamento pero, lo tuvieran o no siempre estaban ahí.

Mi miedo era sobre todo a los cambios: a que Isabel se fuera, a que llegara otra persona, a que apareciera un ruido, a que las cosas cambiaran de lugar, a que el horario fuera diferente… Como si tuviese una resistencia muy fuerte al cambio y a la pérdida de la estabilidad, de los hábitos, de las rutinas… de todo lo que para mí era seguro.

De algún modo buscaba sostener dentro de mí la seguridad con toda esa rigidez desde fuera, pero como imaginarás eso no era sencillo de mantener puesto que no vivía sola ni en un lugar estático.

Sin embargo, cuando Pongo llegó, eso se fue disolviendo, no llegó a desaparecer del todo hasta la última etapa de mi vida pero sí que fue dejando de ser molesto y mi atención se fue moviendo hacia el bienestar de Pongo en vez de hacia mí misma. A partir de ese momento en vez de temer por mi vida temía por la de Pongo, tenía miedo de que se hiciese daño, de que se asustase, de que se arriesgase demasiado, de que se escondiese, de que molestase…

Te convertiste en su madre…

, con todo mi amor, con toda mi entrega, me convertí en su madre. Me siento muy orgullosa de haber tomado en ese momento esa decisión. Haber cuidado a Pongo dio a mi vida un significado muchísimo mayor del que hubiera podido imaginar hasta ese momento, me permitió salir de mí misma, de mis propios intereses, de mis propias preocupaciones para empezar a pensar en otro por encima de mí.

Creo que Pongo fue como una transición hacia esa forma de sentir y de ver que adquirí durante el final de la enfermedad. De no haber estado Pongo no sé cómo habrían sido las cosas.

¿Te sientes orgullosa de Pongo?

¡Muchísimo! (Risa).

¿Por qué te ríes?

Porque él llegó a ser muchísimo más que yo y porque no soy yo la que tiene que sentirse orgullosa de él sino que, si acaso, tendrías que preguntarle a él si se siente orgulloso de mí.

Él vino a enseñarme, para mí aun ahora después de haberlo reflexionado es así. Él vino a enseñarme a amar, a salir de mi dolor, de mi estado paralizado de miedo y para que me atreviese a caminar hacia afuera, a vivir por otro. Después la enfermedad fue la que me enseñó que el verdadero significado no estaba solo en aprender a vivir por otro sino en conseguir vivir por todos los demás, sean quienes sean, sin hacer selecciones.

Qué importante es eso.

Pongo fue (¡y es!) un hijo maravilloso, me hace sonreír aun ahora. Es realmente maravilloso… Siempre está despreocupado, es jovial, es enérgico… Estar cerca de él siempre me permitía olvidarme de mis propios miedos. Al final, aunque temía que se hiciese daño o que molestase a Isabel mientras jugaba, a la vez al verle tan lleno de vida me llenaba de vida a mí también, y para cuando me daba cuenta estaba absolutamente relajada e incluso en ocasiones participando también de su aventura.

¡Gracias Isabel! Quiero que le des las gracias de mi parte por haberme hecho ese regalo tan maravilloso trayéndole a mi vida. Aunque él es más desapegado, y por supuesto menos preocupado que yo, los dos nos sentimos muy felices de haber compartido ese tiempo juntos. Todavía ahora me visita por momentos haciéndome sentir alegría y plenitud aun en este plano en el que todo es tan sencillo y transparente.

Es curioso eso último porque aunque no recuerdo nada de la comunicación que había tenido con Pongo lo que sí recuerdo es que creo que no te había hecho ninguna mención, ¿no?

Bueno, tampoco le preguntaste mucho directamente, pero aun así él es muy desapegado. En estos momentos está en pleno disfrute, está muy en contacto con espacios que para vosotros serían similares a estar corriendo en la naturaleza. Nos queremos mucho y nos encontramos muchas veces, pero no necesita estar conmigo todo el tiempo ni yo necesito ya que esté conmigo de manera continua.

Cuando me fui me quedé muy apegada al lugar. Durante un tiempo continuaba estando cerca porque todavía me costaba comprender todo ese proceso, todo lo que habíamos vivido, y el caos que se generó después de yo irme. Supongo que por la suma de muchas circunstancias tardé en desvincularme del lugar para pasar a disfrutar de los privilegios de ese cambio.

Ahora me siento libre, eso me permite disfrutar de a veces estar, de otras veces no estar, de ver a Pongo, de no verle… No sufro con nada de lo que dejé ahí. En momentos siento tristeza por otras cosas que ocurren en ese plano, entre vosotros los humanos, pero no tienen que ver con la familia, ni con nada de lo que dejé atrás.

Te entiendo. ¿Hay algo más que quieras decirle a Isabel sobre tu reencuentro con Pongo?

Que sigue siendo tan maravilloso como era, tan especial como antes. Que cuando llegue el momento nos reencontraremos todos y que seguramente una vez aquí le parezca todo tan obvio que pierda la expectativa de especial que tiene ahora.

Los dos deseamos que esté bien, sobre todo que esté acompañada y que encuentre esa felicidad profunda antes de irse, ayudando a otros o sintiendo el amor de otros en ese ayudar, como me ocurrió a mí.

Los dos estamos de acuerdo en que sería hermoso verla amar a otros animales de nuevo… Creemos que se merece abrirse a amar otra vez para que siga aprendiendo y también para que permita amar a otros, que otros aprendan con ella. Una vida sin amor… tarde o temprano pierde el sentido. No se trata de que nos remplace, todos somos irreemplazables, pero su capacidad de amar es infinita, la de todos lo es, por eso no debe esconderla ni acortarla.

Nos haría muy felices que pudiese volver a compartir su vida con otro gato, pues de algún modo es otra forma de tenernos cerca a nosotros. Podría decirte que en donde haya un gato estamos nosotros pero, en realidad, estamos en cualquier lugar en el que se manifieste el amor.

Cada vez que ella esté amando, disfrutando, o emocionándose en cualquier forma ahí estaremos también nosotros, amando, disfrutando y emocionándonos con ella.

Entendemos su dolor porque lo vemos dentro de ella pero, igual que me ocurrió a mí, esos miedos y ese vacío no se solucionan viendo hacia dentro sino saliendo hacia afuera. Cuanto más hacia afuera mayor significado adquirirá todo lo que la rodea, más estará viviendo con intensidad y además estará haciendo la vida de otros más alegre y con un sentido todavía mayor.

Ojalá que le llegue en lo profundo ese mensaje que le dais.

Por último, Isabel quiere transmitirte que siempre serás su pequeña gatita, que te querrá siempre y que nunca te olvidará.

Lo sé, cómo podría ser de otra forma… Es maravillosa, bondadosa, honesta… Veo mucho de ella en lo que yo era. Ha de compartir todo eso hacia afuera, abriéndose a los demás, al amor intenso de los demás, en lo bonito y en lo que no lo es tanto. Al final, sentir es lo que la puede traer de vuelta a su cuerpo, a vivir la alegría de estar ahí.

Quizás no tenga que comprometerse con un gato en concreto y pueda estar ayudando a otros gatos y a otros seres en general, pero es necesario ese compromiso con el amor, ese acto consciente de estar amando, de estar enseñando y a la vez de estar aprendiendo.

Ha de ser paciente pero sobre todo ha de ser perseverante en el compromiso de llenar de vida sus días y hacer que cada día tenga un significado verdaderamente profundo, amando, sea a quien sea y de la forma que sea pero amando, y sobre todo amándose a ella misma, no solo a sus heridas y a sus miedos sino a todo lo que ella se merece, todo lo que necesita y todo lo que anhela.

Quiero que sepa que la admiro muchísimo, en su entrega y en su presencia ante la vida pero ha de aspirar a ir un paso más allá, a apostar por su bienestar y por su realización un poco más. Nosotros la estamos acompañando y todo nuestro mayor deseo es verla realizarse y sentirse en plenitud.

Me siento muy agradecida por todo lo que me enseñó, por las oportunidades que me dio, que siento que fueron muchas, no porque yo me hubiera portado mal en algún momento sino porque su actitud hacia mí siempre fue la de dar más y más.

Le agradezco inmensamente todo lo que hizo por mí, su sabiduría, su intuición y su conexión conmigo para saber siempre qué era lo correcto y cuál era el mejor momento para hacerlo. Nunca podré agradecerle su entrega en los últimos días y su forma tan intensa de amarme y de honrarme aun cuando yo ya no podía aportar nada más. Quiero que sepa que eso, esa devoción que mostró hacia mí en ese último tiempo, fue lo que completó mi aprendizaje y lo que me hizo comprender el significado profundo de vivir.

Deseo que todo lo que ella me enseñó, o lo que yo aprendí en su presencia, sea aplicable para ella misma y que encuentre felicidad en todo lo que yo comprendí estando ahí.

Perfecto, así será transmitido.

Gracias a ti también por haber estado tan atenta y por haberme permitido expresar todo esto.

Para eso estoy, Bimba.

Un abrazo inmenso, muchísimas gracias por todo lo compartido y que continúes disfrutando de esa estancia maravillosa.

Gracias a vosotras.

Transmite a Isabel que la amo y que siempre que lo necesite estaremos ahí acompañándola, el tiempo que ella necesite. La tenemos siempre presente como ella nos tiene a nosotros.

Ha sido maravilloso. Sed felices.

Gracias.

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