El silencio, la presencia y la escucha

En estos últimos años he profundizado cada día más en el valor del silencio, la presencia y la escucha al compartir mi vida con otros seres. Los que transitamos la vida con animales de diferentes especies, debemos tener muy presente que la entrega amorosa y compasiva hay que extenderla a todos los seres que, de un modo u otro, nos entregan su vida. La comprensión no debe ser selectiva, y los medios que la hacen posible tampoco.

Ser plenamente consciente de esta necesidad fue determinante en la decisión de compartir con otras personas parte de mi conocimiento sobre la comunicación entre especies. Cuando convivimos con otros seres -los cuales están tan vinculados a nuestros estados emocionales- debemos aprender a generar instantes de paz en nosotros mismos para que, aquello que les ofrecemos con nuestra presencia esté lo más cercano posible a su pureza original.

Cultivemos nuestro silencio interior para no llenar de ruido la cabeza de los animales que nos acompañan (pues ellos escuchan todo el tiempo lo que pensamos). Aprendamos a mantenernos presentes para que, los ratitos que compartimos, estén llenos de riqueza y sobre todo de igualdad (pues ellos están en cuerpo, mente y alma entregados a nosotros). Y cultivemos la escucha, amorosa, compasiva, ecuánime, que permita que comprendamos profundamente lo que el otro es y necesita (pues ellos están deseando ser escuchados, solo necesitan encontrar un corazón que vibre en su misma sintonía).

Me siento emocionada, agradecida y expectante, pero sobre todo muy ilusionada de que podamos vernos, abrazarnos y compartir en esta tarde un momento fraterno en el que compartir, con mucho cariño, pequeñas prácticas que logren que tengáis un vínculo más íntimo y profundo con los seres con los que compartís vuestra vida.

Es hermoso acompañar a quien acompaña.

Abrazos

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