Blog Reflexiones

Embajadores de lo divino

Este fin de semana, entre meditaciones, leía el siguiente poema de William Butler Yeats:

Mis cincuenta años habían ido y venido.
Me senté, un hombre solitario,
en una abarrotada tienda de Londres.
Un libro abierto y una taza vacía
en la mesa de mármol.
Mientras estaba en la tienda mirando a la calle
mi cuerpo de repente ardió;
y por veinte minutos más o menos
mi felicidad pareció tan grande
que fui bendecido y pude bendecir.

Al reflexionar sobre estos versos venían a mi mente momentos de la vida diaria en los que me siento bendecida y bendiciendo. Instantes en los que todo lo que me rodea, vea hacia donde vea, parece estar tocado por la Gracia de Dios, lleno de un misterio y una luz difíciles de explicar si no es con poesía.

Pensaba entonces en lo común de esos momentos: el silencio y la presencia; y en lo concreto: un bebé sonriendo, un pájaro cantando. Pensé entonces, como tantas otras veces, en las oportunidades que nos dan cada día los animales con su presencia de alcanzar nuestra propia esencia. Reconozco con alegría haber llorado en más de una ocasión al sentir la gratitud y la bendición profunda de tener ante mí a Coco y a Thaia durmiendo; perros y gatos se han convertido en embajadores de lo divino, capaces de llenar todo de sentido y vida sin ni siquiera moverse.

Feliz comienzo de semana.

PD. En la imagen, Coco y Thaia tomando el sol.

Entradas relacionadas

Deja tu comentario