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Espacios para ser auténtico

En estos días, ¿cómo sientes tus relaciones humanas?

Desde hace un tiempo vengo profundizando en el concepto de los círculos de apoyo y, con la situación que tenemos ahora, he sentido compartir contigo algo sobre estos grupos que quizás pueda interesarte.

Sentir que no encajaba

A pesar de vivir en un planeta repleto de personas me he sentido demasiadas veces sola y desamparada. En mi propia vivencia he experimentado en más de una ocasión que no lograba encajar en ningún lugar, en especial durante la etapa que vino después de la adolescencia.

En aquel tiempo dejé de sentir que pertenecía a grupos en los que hasta entonces me había sentido muy cómoda; eso me generaba momentos de angustia e incluso cierta apatía hacia mi propia especie. En los siguientes años, pude encontrarme con otras personas que vivían con la misma sensación que yo, sintiendo que no encajaban en las reuniones, que las personas que tenían cerca no les aportaban o que vivían en una onda diferente.

Durante algún tiempo -demasiado para ser sincera-, creía que la afinidad con los demás venía de compartir las mismas aficiones. Imaginaba que estaría bien tener muchos amigos a los que les gustase lo que a mí me gustaba: primero fue la música (esta etapa duró varios años) y luego un tipo concreto de libros. En esos años llegó a mi vida gente de todo tipo y, aunque todos tenían en común que compartían conmigo las mismas pasiones, con el paso del tiempo volvía a sentir otra vez un vacío en mí y seguía necesitando compartir desde otro lugar más profundo.

Aquella época estuvo cargada de soledad. No me sentía identificada con las relaciones antiguas pero tampoco encontraba a otras personas más afines a mí. No fue hasta los últimos años que la vida me regaló el tipo de relaciones que añoraba, y probablemente fue así porque hasta ese momento ni yo tenía claro qué era lo afín a mí.

Valores vs. aficiones

Un día me di cuenta de algo valiosísimo: comencé a apreciar a las personas por sus valores en vez de por sus aficiones. Comencé a cuestionar cuáles eran los valores que quería cultivar en mi vida y me pregunté entonces qué tipo de persona quería ser. Descubrí que el tipo de persona que quería ser era el mismo que el tipo de persona que quería tener cerca: una buena persona. Y me daba igual que fuese médico, que le gustase el fútbol o que tuviese sesenta años. ¡Qué maravillosas se han vuelto mis relaciones desde entonces!

A día de hoy disfruto de unas relaciones personales muy bonitas, algo contrario a aquellos años que pasé prácticamente sola a causa de una visión bajo el prisma del ego que me había conformado sobre la vida y las relaciones.

Necesito de otras personas. Por mucho que me hubiera aferrado a mi individualismo -a mi idea de creerme muy única- estar con los demás completó y completa el sentido de mi vida, da un mayor significado a las experiencias que vivo, y me permite acoger con mayor alegría las circunstancias que tengo. Creerme excesivamente única y singular hizo que me alejase de lo que otros podían aportarme.

He necesitado más de una década para comprender cuánto me enriquecen los demás y cuánto puedo enriquecer a los otros con mi compañía. De esta comprensión nacieron los círculos, el motivo ideal para organizar una infusión con galletas con los seres a los que amo (risa).

Qué es (para mí) un círculo de apoyo

A mi forma de ver, un círculo representa un espacio en el que todas las personas pueden compartir sus emociones, pensamientos, experiencias… con la absoluta confianza de que sus vivencias serán acogidas sin juicios. Esto, permite a su vez que te enriquezcas con las experiencias y sentimientos de los demás, pudiendo acoger con amor y transparencia las vivencias de otros gracias a los valores que os unen.

Obviamente un círculo no es un espacio en el que todos saltan de alegría mientras te dicen lo maravilloso que eres, sino que se comparte desde la intimidad lo que hay en ese momento en la intimidad. A veces podemos llorar y decirnos cosas que, en otras circunstancias, quizás nos habría costado compartir. Del mismo modo, otras veces podemos mostrar la alegría y celebrar -un cumpleaños, un nuevo día- desde el corazón. No se trata de hacer súper fiestas ni tampoco súper dramas, sino mostrarse espontáneos, creativos, tiernos o traviesos, sin miedo a lo que otros puedan pensar de ti y sin actuar para intentar agradar a otros.

Podría definir un círculo como un espacio en el que ser auténtico mientras permites que los demás lo sean contigo.

Los criterios de mi círculo

Cuando comencé a pensar en la idea de los círculos me llegaban los dedos de una mano para contar a las personas que había en él, sin embargo, al reflexionar con detenimiento me di cuenta de que había otras personas en mi vida que me gustaría que estuvieran en él acompañándome pero que, por alguna norma social, me daba reparo decirlo. Eso me hizo reflexionar sobre cuáles eran entonces los criterios para establecer quién podía estar y quién no en mi círculo.

Aunque tus inquietudes y tus vivencias podrían no tener mucho que ver con las mías, quisiera compartir lo que es importante para mí en esa decisión y que quizás pueda ser de ayuda para iniciar tu propia reflexión sobre este tema.

Las personas que están en mi círculo comparten estas cualidades:

– puedo llorar delante de ellas y puedo estar con ellas cuando lloran sin sentirme incómoda

– puedo expresar preocupaciones y emociones poco agradables sin sentir que deba maquillar la realidad; también disfruto escuchando sus inquietudes sin desear cambiar sus vidas

– me siento cómoda recibiendo su opinión sobre mi situación y dando la mía si así me lo piden

– disfruto si compartimos el tiempo en silencio, sin decir nada, así como hablando durante horas

– me siento cómoda abrazando durante largo tiempo, dando besos, sonriendo abiertamente y recibiendo lo mismo por parte de los demás

Hay personas a las que conozco hace tiempo que no cumplen estas condiciones, por ejemplo, aquellas personas con las que puedo reír y hacer trastadas pero con las que no se me ocurriría expresar que estoy triste porque se sentirían incómodos o porque intentarían positivizar la situación sin pararse siquiera a oír en profundidad lo que estoy expresando. ¿Ves a dónde quiero llegar?

Con esto, me di cuenta de que me encantaría que formasen parte de él otras personas a las que solo había visto un par de veces. Esto me descolocó pues, aunque no hubiera una amistad como la solemos comprender, con ellas podía sentirme muy cómoda hablando durante largo rato pero también compartiendo silencio. En este aspecto, de nuevo el silencio me regaló un gran valor para las relaciones: rodearme de personas con las que poder compartir momentos que no tengan que ser rellenados con otra cosa que no sea el propio momento.

¿Qué personas hay en tu vida con las que puedes compartir momentos así?

Convocar un encuentro

Me gusta reunirme con algunas personas de mi círculo como mínimo una vez al mes y, cuando no es posible, al menos mantener una comunicación fluida (no solo de emoticonos) que incluya emociones, sentimientos y pensamientos.

Mi mejor excusa para convocar un encuentro es la gastronómica (risa) aunque cualquier motivo es bueno para juntarse: dar un paseo por el bosque, meditar, plantar unos árboles, crear algo juntos, cantar canciones… Lo hermoso de los círculos es que hay tiempo para todo bajo el único deseo de ser auténticos y de permitir que otros sean auténticos contigo.

Como ves, no hablo de quedar a tomar un café, ¡qué tiempos! Tuve una larga época de esas hasta que comprendí que para cultivar relaciones transparentes necesitaba que hubiera pocas distracciones, sin personas desconocidas observándome (o a las que observar), sin un camarero yendo y viniendo, sin una música que me pida ir más deprisa, sin el ruido de las cafeteras o las máquinas de juegos, ¡y sin la cafeína y el azúcar!

Quería decirte también que, por una cuestión logística, no suelo compartir con todas las personas de mi círculo a la vez aunque mi experiencia es que resulta maravilloso juntarlos a todos de vez en cuando, que se conozcan y que se creen a su vez relaciones fraternas entre ellos. Quizás al principio te sientas más cómodo reuniéndote solo con tres o cuatro personas, en cualquier caso lo que sí te animaría es a que salgas del vis a vis, pues en las relaciones individuales tendemos a oxidarnos y olvidamos lo valioso que es compartir en grupo.

Para finalizar…

Deberían sobrarnos motivos para reunirnos con nuestros seres queridos y animarnos a compartir lo que somos, acogiendo lo que los demás son con un aliciente por encima de todos: que nos amamos, que queremos celebrar que nos amamos, y que estamos dispuestos a lo que supone cultivar ese amor, estando ahí para los demás y estando también para nosotros mismos.

Deseo que tengas la ilusión de cultivar en tu vida espacios en los que puedas ser auténtico.

Un abrazo enorme.

Nota: te animo a que aproveches estos días para, en el silencio, reflexionar sobre tu círculo. Sería hermoso que pudieras escribir una carta a esas personas en la que expresarles desde el corazón lo importantes que son para ti, lo mucho que te aportan y lo muy dispuesto que estás a servir en su vida. Tómatelo con calma, se lo merecen.

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