Feliz Renacer 2020

Cada día trae consigo la oportunidad de comenzar de nuevo, de volver a nacer a una nueva vida: nuevos hábitos, nuevos pensamientos, nuevas acciones, nuevas relaciones, incluso nuevos trabajos o nuevo hogar. Un nuevo yo. Porqué no.

Cada minuto puede resultar el instante ideal para pararte, respirar y preguntarte: ¿qué estoy haciendo con mi vida? ¿es esto realmente lo quiero ser? ¿es aquí en donde quiero estar? ¿es esto lo que quiero legar?

Ningún otro momento como la Navidad nos recuerda con tanta perfección la profundidad que alberga ese único y valioso minuto que puede hacer posible que ocurra un cambio. Algo hay en estas fechas -algo que no necesitamos entender ni definir sino reconocer y sentir- que nos invita a pararnos y ver qué hemos hecho pero, sobre todo, qué es aquello que deseamos hacer en el tiempo que nos queda por delante.

¿Cuánto tiempo tienes por delante? Nadie puede responder con total certeza a esto, y ese es el mayor regalo que nos ofrece cada día la vida: no saber cuántos días vendrán después. Aun así, puedes influir de manera notable en el asunto de cómo invertir ese tiempo con responsabilidad, comprobando si acaso tus acciones (y no-acciones) te pudiesen estar alejando de vivir una vida en plenitud.

De entre todas las sugerencias que podría compartir contigo en esta Navidad, si tuviese que elegir una sería esta: para. Descansa, echa el freno, bájate del carro, cuelga la toalla, hazte un break.

Hay un mantra de Thay que repito cada día innumerables veces que plasma más claro lo que pretendo transmitirte:

respira, estás vivo

Cuando vas en coche por una ciudad que no conoces y te pierdes, poco sentido tiene que sigas deambulando sin saber ni en dónde estás ni hacia dónde te diriges. No hagas entonces lo mismo con tu vida. Haz una pausa, siéntate, y permítete el lujo indispensable de respirar. Respira de manera consciente el tiempo necesario hasta que puedas decir: estoy plenamente aquí.

Cuando estás aquí, las cosas suelen estar mejor que cuando estás allí. Si comprendes esto invertirás tu energía, en lo posible, en aprender a estar realmente aquí, en pararte y centrarte (que no reconcentrarte). Si algo de esto tiene sentido, si acaso hay en esto algo de verdad, solo podrás apreciarlo si te paras, te sientas, te alineas (cuerpo, mente y alma) en un mismo lugar, sintiendo todo lo que te rodea, reconociendo el camino realizado y valorando los senderos que hay ante ti. Es posible que las posibilidades que hay ante tu asiento sean más hermosas y diversas de lo que habías apreciado hasta ese momento.

He temido parar muchas veces porque -aunque tal vez no lo parezca- cuando la pausa finaliza aparece la acción, una acción de corazón que puede poner tu vida patas arriba en un segundo. Y eso da mucho miedo.

Hay muchos momentos en mi día, más o menos largos, destinados únicamente a parar. Ahora busco parar y estar y, aunque tengo muchos miedos -muchísimos-, eso no me aleja de intentar saber siempre en dónde estoy para sentir menos terror ante las eternas preguntas de la humanidad: ¿quién soy yo? o ¿qué se supone que debo hacer con mi vida?

Cuando me paro, la vida parece tener siempre para mí una respuesta. Más aun, descubro que esa respuesta siempre ha estado ahí esperando a que hubiese en mi interior el silencio suficiente para poder oírla.

En el último mes he descubierto que, aunque creía ser muchas cosas, en lo profundo resulta que no soy ninguna de ellas; aun así, he percibido que aunque no sea aquello puede que crea ser otro montón de cosas diferentes. Esto, que bien podría ser un trabalenguas, generó en mí algo de vértigo. Me estoy descubriendo en la afirmación de que, cuanto menos me aferro a lo que creo ser (cuanto más me desprendo de mis etiquetas) menos tengo que proteger, y esto, tras un pánico inicial, me ha hecho sentir una calma y una ligereza inmensa, la cual nace de algún lugar que todavía no sé definir.

Cuanto menos “yo” tengo que defender más libre me siento de acercarme al “yo” de los demás, para aprender, para nutrirme, y para cambiar de rumbo cuantas veces sea necesario. Qué bendición poder decidir cómo renacer a este 2020.

Abrazos de corazón.

PD. Nos vemos a partir del 7 de enero. ¡Feliz hibernación!

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2 Comments
  1. Tante 24 diciembre, 2019 at 14:06 - Reply

    Como siempre gracias

    • Alba Kensho 9 enero, 2020 at 19:07 - Reply

      A vosotros por estar ahí. Abrazos

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