Galletas para Chocolateros (una receta y algunos guiños)

Esta semana quería hacer algo especial con motivo de mi cumpleaños. Mi primera idea fue comprar una tarta, casera y vegana eso sí, pero comprarla. Por dicha, no se dieron las circunstancias para que pudiera ser así, así que me decidí a hacer yo misma algo dulce que poder compartir con mi familia.

La siguiente idea fue hacer galletas de chocolate porque a mi hija le encanta el chocolate a pesar de que en nuestra casa nunca ha visto una tableta. Sin embargo, y he aquí el primer guiño, la realidad es que vivimos dentro de un sistema con un entramado muy complejo e interdependiente, lo que hace que mi hija coma chocolate con más asiduidad de la que yo quisiera.

Dijimos adiós al chocolate hace algún tiempo siguiendo la premisa de “hacer lo posible por no comprar productos que hayan viajado más que nosotros”, cosa por cierto diría que casi imposible, pero como buen propósito intentamos mejorarlo cada día. También lo despedimos de nuestra despensa porque es un excitante y porque suele estar compuesto en su mayoría por una sustancia muchos más terrible: el azúcar.

¿Era ético comprar chocolate para “hacer feliz” a mi hija con unas galletas? La respuesta es no, pero eso no quita de poder utilizar una alternativa: la algarroba. Aprovecho este instante para decir lo fácil que resulta hacer felices a los hijos regalándoles tiempo en vez de cosas, con la ventaja de que no solo serán felices ellos sino también nosotros.

Tomé la decisión de que, aunque fuese a cocinar algo especial, debía poder hacerlo con lo que ya tuviera por casa, una gran prevención para no caer en un consumo irresponsable. Revisé algunos libros de cocina -cosa que suelo hacer con cierta frecuencia aunque después no siga las recetas- para tomar algunas ideas y elucubrar qué podía hacer con lo que tenía por casa.

Me acordé de que teníamos un bote de bebida de almendras (para los que no pueden leer las palabras leche y almendras juntas) que llevaba en la nevera un año. En concreto la habíamos comprado para la fiesta coincidente con mi anterior cumpleaños y aunque no estaba caducada ni abierta me pareció una buena idea aprovechar la ocasión para darle un adiós respetable.

Aprovecho para hacer otro guiño: por lo general no comemos nada que haya sido procesado o transformado, si tenemos que comprar algo lo compramos en su forma primaria si es posible y lo transformamos nosotros en casa si fuera necesario. Es decir, nuestra forma de vida implica que si de verdad quisiéramos tomar bebida de almendras la haríamos nosotros mismos en casa en vez de ir a comprarla. Aunque de haber tenido que prepararla habría substituido la bebida de almendra por agua, ¡seguro!

También me acordé de que era necesario gastar otro producto que es ya como parte de la familia, un bote de coco rallado del que no he logrado recordar el momento de su llegada, pero como pista ya era de mi madre. A pesar de esto, sigue oliendo y sabiendo bien, así que cuando nos acordamos lo usamos para ir dándole salida.

Teniendo claros estos tres ingredientes más lo que fui encontrando por la cocina, me puse manos a la obra y esta es la lista y las proporciones que salieron:

3 tazas de harina de avena
¾ taza de harina de arroz
¾ taza de harina de algarroba
½ taza de azúcar
1 ½ taza de bebida de almendra
1 taza de aceite de oliva
1 pizca generosa de sal
1 cucharilla de anís molido
2 puñados de almendras crudas

La avena, el arroz, la algarroba y el aceite son todos de España y, por supuesto ecológicos, esa es otra premisa de nuestra alimentación, no solo llevar una dieta vegana sino libre de tóxicos. Bastantes tóxicos tenemos en nuestra vida como para ingerirlos además voluntariamente.

Hablando de tóxicos, habrás percibido que hay un intruso en la receta, el señor azúcar. Haciendo memoria no recuerdo la última vez que pude haber usado el azúcar, pero puesto que forma también parte de la despensa lo incluí en la receta, tal vez como forma de mostrar que la vida es un camino de constante mejora, y que los errores que cometemos nos acompañan durante una gran estela. Pues bien, a nosotros todavía nos quedan unos cuantos kilos de ese error. Mejor sería utilizar panela, o mejor aún dátiles o higos que endulzan igualmente y son más sanos, aunque habría que tener en cuenta que la textura cambiará, pero eso es parte de la aventura de vivir: galletas que se pegan, que se deshacen, que se queman… (risa).

Por cierto, de no haber usado azúcar habríamos optado por los higos ya que en nuestro caso son de mayor proximidad que los dátiles, en concreto los que consumimos vienen del norte de Portugal, lejos para los de Barcelona, cerca para los de Pontevedra.

Como puedes ver, en la receta no hay levaduras ni bicarbonatos ni nada que pretenda llenarlo de burbujitas que luego dan muchos gases… Por el contrario, me animé a echarle un poco de anís (el que usa para las infusiones pero pasado por molino) para ayudar a la digestión de lo que para nosotros es una auténtica bomba, principalmente por falta de hábito.

Y hablando de moler, como decía antes, intentamos adquirir siempre los alimentos en su forma original, por esto tanto la harina de avena como la de arroz la hice al momento en un molino pequeño que tenemos en casa.

En cuanto al aceite, hay personas a las que les impresiona ver aceite de oliva en postres por su sabor, sin embargo como el gusto de la algarroba es tan potente (parecido al chocolate puro pero sin el amargor) eclipsa el resto de sabores. De hecho, de las personas que las probaron nadie comentó nada sobre esto.

El último ingrediente, las almendras, también son del norte de Portugal, y siguiendo un poco lo que ya venía comentando, las compramos con cáscara y después las transformamos según necesitemos y cuando necesitemos. En el caso de esta receta las troceé un poco para añadirlas a la masa.

Bien, pues con todos los ingredientes listos la preparación es muy sencilla (otra premisa de nuestro día a día: ¡simplifica tu vida!):

Mezcla todos los ingredientes secos removiendo un poco con una cuchara. Después echa el aceite y remueve. Este es un truco que hace que la algarroba al cocinarla coja pequeños puntitos más esponjosos que le dan un aire lejano a brownie. Después añade la bebida de almendras, revuelve todo y por último añade las almendras troceadas.

Mi mezcla no quedó muy densa, aunque eso fue por el tamaño del grano al molerlo, si compras las harinas ya preparadas imagino que quedará algo más compacta. Habrá que mostrar algo de pericia gastronómica y jugar con las harinas y la bebida o agua para lograr una buena textura. Y ¿cuál es la buena textura? La que no se escurra de la cuchara ni se quede pegada de por vida (risa).

Pon en una bandeja engrasada pequeñas porciones de la masa y mételo al horno a 220 ºC durante 15 minutos. Después dales la vuelta y déjalas otros 15 minutos.

Con la masa preparada fui poniéndola en una bandeja untada de aceite. La idea era poner bolas aplastadas, pero como la masa estaba bastante líquida no tuve que hacer mucho más que dejar caer la masa a cucharadas. Salieron 26 galletas como palmas de las manos. Galletas, por cierto, duras por fuera y blanditas por dentro.

En cuanto a la cocción ahí sí que tendrás que seguir tu intuición pues nosotros usamos el horno de una cocina de leña y la diferencia de cocción con el eléctrico puede ser grande. La primera vez que quise hacer patatas asadas en este horno me quedaron decepcionantemente cocidas, aunque con un sabor inigualable. Imagino que con las galletas podría pasar algo parecido, probablemente necesites menos tiempo para lograr el mismo resultado.

Al hacer galletas suelen recomendar pasarlas a rejilla para enfriar y que queden menos húmedas. En mi caso, como eso no cuadra con lo de simplificar (más tiempo, más que lavar, riesgo de que se rompan…), simplemente les di la vuelta al sacarlas y las dejé ahí hasta el día siguiente.

Deseo que disfrutes de un fin de semana despierto, en el que puedas darte un cariñito gastronómico si lo deseas, que no suponga un gran desembolso ni tampoco gran esfuerzo. Que sea lo que sea que prepares puedas disfrutarlo de principio a fin, y no solo mientras lo masticas, también que tu disfrute no perturbe excesivamente las otras formas de vida de este planeta. Esto sería maravilloso.

Ojalá que esta publicación sirva para que puedas reflexionar un poco sobre tu vida, sobre la vida que creas, sobre la estela que dejas, sobre tu responsabilidad con los demás… Comparto contigo el vídeo de la charla que di esta semana sobre el mensaje los gorilas, pues ellos fueron la inspiración para este estilo de vida, y la charla en sí fue lo que me motivó a compartir contigo este pedacito de mí.

Feliz día ¡y buen provecho!

PD. Habría estado bien poner una foto de las galletas, pero este quizás sea el último guiño de esta publicación, ¡he estado de cumpleaños y no hemos hecho ni una foto! (risa). Aun así me encantará que me enviéis las fotos de vuestros experimentos si lo sentís 🙂

¡Las de la foto se parecen mucho a las que comimos! Cortesía de Pezibear.

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2 Comments
  1. Juan Carlos Medina Déniz 21 junio, 2020 at 22:43 - Reply

    Felicidades Alba, gracias siempre por compartir tus momentos.
    A mí hoy me quedó un arroz riquísimo. Lo hice con zumo de melón y sandía en vez de agua, así le da un toque dulce y sabroso. Aún no me atrevo a los postres.
    Besos besos

    • Alba Kensho 22 junio, 2020 at 09:10 - Reply

      Gracias Juan Carlos 🙂
      Un abrazo.

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