Gatos “muy humanos”

¿Cuántas veces tuvimos la sensación de que se nos escapaba “algo” sobre la vida que no estábamos entendiendo?

Sentir que la vida nos esconde algún tipo de misterio que no logramos descifrar nos puede provocar desasosiego, desesperanza, tristeza, abatimiento, frustración, apatía e incluso ira o rabia. Lo cierto es que cada persona puede gestionar este interrogante de una manera totalmente diferente, pero todos tienen en común la necesidad imperiosa de comprender el sentido de porqué están vivos.

Lo que me trae a esta reflexión es que, como en tantas otras situaciones, los dilemas que tienen algunos animales no son tan diferentes de los nuestros. Ayer en concreto hablaba con un gato con un conflicto similar.

Ciertamente esa sensación es muy humana, por lo que lo primero que debemos preguntarnos es cuánto de nosotros hay en ese anhelo del animal ya que, en lo que nos ayudemos nosotros, le estaremos ayudando a él. Lo segundo es comprender que, el hecho de que el animal se mantenga en esa búsqueda, le desarraiga de sus cualidades más salvajes, por lo que habrá que estar especialmente atentos si no queremos que el animal acabe confundido con su identidad.

En el interior del gato de este ejemplo, la pregunta no era tanto qué podría aportar él al mundo sino qué le podría aportar el mundo a él. Desde fuera, lo que observamos es un gato que hace “cosas muy humanas”: se interesa por las conversaciones de sus responsables y pasa de las “cosas de gatos”. Cuando entro en comunicación con un animal así siento que ha exprimido en todo lo posible su entorno por lo que necesita alimentarse de nuevos estímulos -en su caso intelectuales- para comprender el sentido de su vida.

Como apunte, es habitual en este tipo de animales que hayan dejado de mostrar interés por lo mundano, desatendiendo incluso cuestiones tan “banales” como alimentarse, pues se encandilan más fácilmente con el entretenimiento de oírnos pensar que con un cuenco de pienso.

En casos así, suelo abordar la situación desde dos vías. Por un lado es importante darle al animal los estímulos que necesita para sentirse vivo a través de nuevos escenarios y personajes. En este ejemplo en concreto, al animal le gusta viajar y conocer nuevos lugares, así como escuchar los dilemas de personas desconocidas. Por otra parte, no todo es éter… y el gato necesita recordar que sigue siendo un gato. Para ello, y dependiendo de las circunstancias, suele ayudarles algo tan sencillo como jugar un ratito a cazar ratones (de lana), obviamente participando nosotros en el juego sino no acabará de despertar su interés, pues nuestra presencia en el juego es lo que transforma un “juego de gatos” en un “juego de humanos”.

¡Un abrazo grande!

Share this Post!

Related post

0 Comment

Leave a Comment

Your email address will not be published.