Instantes de felicidad

Tal vez haya alguna pequeña cosa que puedas hacer en este preciso instante para sentirte más feliz: dar un pequeño paseo, tomar una ducha, sonreír… ¿Te habías parado a pensar en ello?

Cuando finalizaba la semana, alguien a quien quiero muchísimo me desvelaba que tiene ciertas listas con acciones sencillas que realiza cuando se ve arrollado por ciertas emociones. Por ejemplo, tiene una lista de cosas que le hacen sentirse bien -en calma, alegre…- si en algún momento se encuentra triste. Lo que me encanta es que cada lista está hecha específicamente solo para un tipo de emoción o situación, y todo lo que está contenido en ella procede de su propia experiencia tras haberse encontrado en la misma situación con anterioridad y haber probado a hacer algo que provocó que experimentase mayor bienestar. Una idea brillante.

Todos pasamos ratitos más o menos melancólicos, tristes o abatidos en los que nuestro cuerpo y nuestra mente nos piden desconexión -comer pasteles, mirar la televisión, cotillear en redes sociales-, cuando precisamente eso es lo último que nos conviene. Si quieres recuperarte, lo que necesitas en ese momento es sentirte conectado. Hay días en que las tormentas no duran más que un instante pero en otras ocasiones parece que vienen para quedarse; esa percepción, hace que nos resulte muy difícil desprendernos de ellas. Sea cual sea tu situación, estoy segura de que puede ser útil para ti probar, desde tu experiencia, a realizar esas listas de pequeños tesoros de felicidad que puedan rescatarte de una caída libre.

El domingo, tras un lapsus de sinsentido salí al jardín y, de manera inmediata, el solo contacto con el aire fresco en mi cara me hizo sentir viva, impregnando de un brillo especial todo lo que me rodeaba. Observé después profundamente una flor (un iris) que está creciendo en nuestro jardín y sentí que la vida, estar vivo, era algo realmente maravilloso. No es algo que pensase, sino que sentí; comprendí que amar estar vivo nace del sentir, no del pensar.

Soy consciente de que, las sensaciones que acompañan a este tipo de percepción, pueden esfumarse en un instante si no cultivamos cada vez que tenemos oportunidad el mantenernos con la atención adecuada sobre lo extraordinario que nos rodea. Existen infinidad de argumentos por los que abandonarse en una ola que nos arrastre hasta la profundidad del océano: un pensamiento desagradable, un recuerdo triste, una mala contestación, un día de lluvia… pero también existe, todo el tiempo, la oportunidad de experienciar con una visión profunda que ola y océano son lo mismo. Podemos sentirnos profundamente enraizados y felices cuando conectamos con esa quietud -muy viva- que nos recuerda que somos agua.

Esta semana trabajaba con un gato cuya responsable está viviendo una etapa de gran tristeza. Durante la comunicación, el gato le transmitía lo siguiente: «no permitas que toda tu atención se focalice en los grandes problemas y ocúpate de buscar la alegría de las pequeñas cosas; con eso podrás sobrellevar lo demás». También le hablaba de la importancia de comprometerse con el cuidado de otros como forma de sentir una gran motivación para vivir. Una suma más al aprendizaje de esta semana.

Sé que tienes días grises, como también sé que cuanto menos cuides de mantenerte a salvo más facilidad encontrará esa tristeza para quedarse, por eso esta semana te animo a que realices tu propia lista para generar instantes felices. Como te comentaba al principio, se trata de pequeñas acciones, asequibles en cualquier momento y circunstancia, que te permitan conectar de nuevo con la alegría de vivir, de estar vivo. Busca que sea sencillo, que sea saludable para ti y para los otros, que no implique un desembolso y que puedas repetirlo sin que deje de generarte felicidad.

En esta lista hay algunas cosas que en muchas ocasiones me han recordado lo maravilloso de estar aquí en este momento:

– Mover los brazos enérgicamente hacia arriba y hacia abajo

– Respirar tres veces de manera pausada y atenta y después sonreír

– Agradecer algo material en profundidad de lo cual me esté beneficiando directamente en ese momento. Por ejemplo: estar sentada en una silla (el árbol que dio su madera, el agua que nutrió al árbol, el carpintero que la construyó, la fundición que creó la sierra del carpintero, mi salud que me permite estar sentada…)

– Cantar en voz alta prestando mucha atención al sonido y la vibración del cuerpo

– Pedir un abrazo a alguien a quien amo y respirar conscientemente mientras permanezco ahí

– Hacer una respiración profunda, tomando el aire con fuerza y soltándolo rápido

– Tomar una ducha de agua caliente dejándome estar un ratito bajo el agua

– Observar profundamente una flor, un pajarillo, alguien a quien amo…

– Jugar con Coco y Thaia a la pelota

– Sentir el aire fresco en la cara

– Sentir los rayos del sol con los ojos cerrados

– Dar algunos pasos de forma muy lenta y atenta sintiendo los dedos de los pies

– Estrujar una bolsita de lavanda para después olerme las manos

– Dibujar un mandala y colorearlo

– Leer un fragmento corto de alguno de mis libros seleccionados

Muy en relación con lo que vengo contándote hoy, quería compartir contigo que el sábado 15 de febrero por la tarde, Iria Ervalúa y yo estaremos en el parque de Castrelos (Vigo) realizando un Paseo y Meditación por la Paz. Si te animas a pasar un ratito con nosotras tienes toda la información aquí:

La paz solo puede ser compartida cuando se lleva dentro.

Te espero siempre.

Un abrazo.

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