La gestión del dolor

Como comenté en otras ocasiones, los animales -al igual que las personas- pueden tener una tolerancia al dolor muy diferente de unos a otros, así como una actitud hacia ese dolor que varía según las experiencias y/o expectativas ante la vida. Supongo que hasta en eso nos parecemos bastante.

Ayer, tras trabajar con dos perras en proceso de enfermedad me quedé reflexionando sobre el dolor, el valor del dolor y lo que podemos hacer por él.

En el caso que comento, una de las perras está diagnosticada con un osteosarcoma (cáncer de huesos) en fase terminal y la otra comienza a presentar los mismos síntomas. En el caso de la primera, tras haber sido desahuciada con cuidados paliativos, su responsable decidió iniciar un tratamiento alternativo muy potente entre el cual se incluye una combinación de varios hongos. Para mí fue realmente sorprendente no solo conocer más a fondo las virtudes del consumo de ciertas setas para el sistema inmunológico, sino encontrarme con una perra que hace una semana no se podía mover con el dolor y ayer paseaba con ligereza, algo aturdida a causa del tratamiento pero con total ausencia de molestias. ¿A qué más podríamos aspirar?

En el trabajo comunicativo con esta perra, pudimos ver que no solo agradecía todo el tratamiento que se le estaba dando sino que compartía expresamente que para ella lo más importante era no sentir ningún tipo de dolor en el cuerpo. Casualmente la semana pasada me encontré con un caso muy similar.

¿Qué nos ocurre con el dolor? ¿Cómo reaccionamos nosotros ante el dolor? ¿Nos quedamos a “vivirlo” o lo “pasamos de largo”? Lo cierto es que cada vez tengo más claro que -como en todo- me temo que no hay una respuesta correcta.

En el ejemplo del que estoy hablando, la perra necesita no sentir el cuerpo para poder estar muy pendiente de sus procesos emocionales puesto que no está preparada para irse, ni comprende el proceso que está viviendo, por lo que tener la atención fuera del cuerpo le permite integrar lo que está ocurriendo no solo con su vida sino con el alboroto de todos los seres que la rodean. Como nos podría ocurrir a muchos de nosotros, la enfermedad la cogió por sorpresa, con muy poca madurez interior, por lo que necesita de un tiempo muy valioso de calma para integrar cuanto antes todo lo que está ocurriendo y de ese modo irse en paz en el momento en que “le toque” irse.

Algo hermoso de este caso es que el primer objetivo de su responsable con este combinado fue aliviarle el sufrimiento, no prolongar su vida, lo cual no quita que si vive dos años más lo recibirán como un regalo maravilloso, pero no es la finalidad. ¿Cuántos de nosotros planteamos (o plantearíamos) el tratamiento de un ser querido desde ahí?

Como contrapunto, la hermana de esta perra, al no tener por el momento el mismo diagnóstico no recibe el mismo tratamiento, por esto, sí presentaba dolor en las articulaciones, especialmente con el movimiento y fatiga ante el esfuerzo. Lo curioso de este segundo caso, es que ella a lo largo de su vida había sufrido ya varios procesos de enfermedad muy graves, lo que me hizo preguntarme si era quizás eso lo que hacía que tuviese una tolerancia al dolor tan grande, o mejor dicho, una visión del dolor tan suave.

Esta segunda perra acepta el proceso que está viviendo, no lucha contra él, sencillamente porque para ella la muerte es un proceso integrado y no tiene necesidad de aferrarse a seguir aquí. Tiene la calma de haber vivido lo suficiente lo cual genera que su actitud ante la enfermedad sea mucho más suavizada, comprendiendo en todo momento lo que está ocurriendo y aceptándolo así como viene. ¿Es esto positivo? Pues no lo sé, como decía antes, cada vez veo menos blancos y negros y muchas más tonalidades de gris… Lo que sí pude comprobar en este ejemplo, es que la perra sentía desmesuradas las quejas de su hermana y, aunque se dejaba ayudar, su orgullo no le permitía pedir ser tratada para ese dolor abiertamente.

Como resumen me quedo con esta reflexión: existen muchas formas distintas de percibir un proceso según qué hayamos vivido previamente, entonces ¿cuando juzgamos a alguien por cómo afronta sus procesos lo hacemos desde donde nosotros estamos o desde donde sentimos que está el otro? Más allá de todo eso, podemos limitarnos simplemente a acompañar, sin emitir ningún tipo de opinión, sabiendo que todos viajamos constantemente del amor al miedo, y que es ese trayecto el que nos hace tomar unas decisiones u otras, siempre correctas según lo que necesitamos Vivir.

Para finalizar, comparto la web de Hifas da Terra, referente en micología, por si hay alguien que se encuentre en una situación similar y le pueda interesar. Además entre el equipo cuentan con una veterinaria para poder valorar un combinado a medida del caso.

Expertos en Reishi, Hongos Medicinales y Micoterapia

Un abrazo grande y que sigamos aprendiendo cada día.

* Como siempre, para proteger la intimidad de las protagonistas, la foto que comparto no se corresponde con el caso, aunque en esta ocasión me sorprende el enorme parecido que tiene -especialmente en la mirada- con la primera perra de este ejemplo. Que todos encontremos pronto nuestro sentido de vida para que podamos asumir con amor cada inicio y fin del nacimiento.

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