Las despedidas y la buena práctica…

La semana pasada trabajaba con un gato el cual había abandonado su cuerpo hacía ya un año tras una repentina enfermedad. Mantener este encuentro con su responsable me recordó porqué un día decidí realizar también este tipo de consultas.

A veces, la vida nos da ocasión de despedirnos de los seres a los que amamos, pero en otras ocasiones no disponemos de esa oportunidad. Incluso, en ciertos momentos, aunque nos hayamos podido despedir, no siempre queda todo dicho. Y esto puede generar un gran peso, cuanto más cuando sentimos que la vida del otro depende de nosotros.

En no pocas ocasiones, el animal acaba abandonando su cuerpo porque somos nosotros quienes intervenimos para que así ocurra. Si bien esta no es una reflexión sobre lo apropiado o no de esta decisión, si puede ser una oportunidad para que pensemos sobre la enorme responsabilidad que cargamos al hacerlo, pues no solo depende de nosotros la no-continuidad del animal en este plano sino que además eso nos otorga el deber de asegurarnos de que su transición sea lo más suave posible.

Son muchas las veces que, aun poniendo todos los medios, nuestra alta implicación emocional -más allá de nuestras herramientas personales- hacen que podamos dificultar la transición del animal lo cual, con o sin culpa, nos hace como mínimo dudar de si en aquel momento hicimos o no lo correcto. Pero, ¿es la curiosidad un motivo suficiente para hacer una consulta con un animal trascendido? Lo cierto es que, si no hay un motivo más profundo detrás, no.

Cuando hago consultas con animales, estén o no en su cuerpo, lo que siempre busco es el bienestar y la progresión de todas las partes. ¿Cuál es la finalidad exacta de hablar sobre algo que ya ha ocurrido? La situación puede ser bien distinta cuando, con motivo de la partida del animal, no conseguimos encontrar nuestra propia calma pues no acabamos de integrar lo ocurrido, sentimos que no nos pudimos despedir, o incluso tenemos la sensación de que el animal necesitaba transmitirnos algo antes de irse que en aquel momento no logramos comprender.

En el caso concreto que comentaba, una de las preguntas que su responsable necesitaba resolver era en relación al momento de la partida, pues al tratarse de un agravamiento repentino en su salud hubo que tomar la decisión de dormirle pero, a causa de una mala praxis, ni la persona ni el animal tuvieron oportunidad de despedirse en ese momento. Es curioso que, en este caso, ambos permanecieron durante este tiempo con la sensación de que las cosas no se habían hecho bien; esto ha de hacernos reflexionar sobre qué es y qué no es válido en el proceso de dormir a un animal, pues algún día podríamos encontrarnos en una situación parecida.

Si, como lector, estás vinculado al sector profesional veterinario, has de reflexionar sobre la importancia de comunicar al responsable los pasos que se van a dar, cómo se van a ejecutar, qué opciones hay, y sobre todo, no desterrar la idea de que tanto cuidador como animal pueden estar padeciendo un sufrimiento emocional terrible. Si ya tienes en cuenta todo esto, no olvides que ante un proceso así, toda empatía y sensibilidad pueden no ser suficientes.

Si, como responsable cuidador, convives con algún animal, es importante que sepas que en situaciones así más importante que hacer las cosas rápido es hacer las cosas bien. Tómate tu tiempo, para despedirte, para darle oportunidad de que se exprese -si es posible a través de algún comunicador/a que pueda mediar entre ambos-, permítele algún tiempo para que pueda hacerse a la idea de esa decisión y dale espacio para que pueda preparase para esa transición. Por último, asegúrate de que el veterinario que te va a ayudar en esa decisión habla tu mismo lenguaje y, en la medida de lo posible, consulta la opción de poder dormirle en casa.

En los años que llevo comunicándome con animales a punto de partir todavía no he conocido a ninguno que deseara ser dormido sobre una mesa de clínica. Como siempre, ante situaciones como esta, mi labor de acompañamiento puede resolver tus dudas pero, si por cualquier circunstancia no estamos juntos en ese momento, te animo a que te decidas a hacer por el animal aquello que desearías hacer para ti mismo.

Feliz comienzo de semana.

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