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El objetivo de este trabajo es transformar la energía del lugar en un espacio más amoroso, no solo para beneficio propio sino también como un regalo hacia la armonía de este planeta.

Si no resuenas con esta visión es posible que yo no sea la persona adecuada.

Gracias.

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Cuando vivimos en un lugar es importante que nos sintamos arropados y protegidos por el mismo. A veces el espacio del que nos rodeamos está empapado de experiencias, pensamientos y emociones densas que no permiten el desarrollo de situaciones “renovadas”. En otras ocasiones ocurre que los nuevos habitantes armonizan con toda la impronta o memoria que guarda el lugar, o no son capaces de romper con ese patrón, y tienden a vivir en cierto caos, repitiendo patrones que la casa conoce o, por el contrario, entrando en una sensación de lucha contra el sitio despertando ideas como “por mucho que haga parece que aquí siempre hay problemas”.

Cada hogar es una porción de nosotros, del mismo modo que la tomamos cuando llegamos también la dejamos cuando nos vamos. Tan importante es asegurarse de que un hogar está dispuesto a acogernos cuando nos mudamos a él como tener la certeza de que el espacio que dejamos queda libre, neutro, para acoger con amor al siguiente que llegue sin verse influenciado por las experiencias que allí vivimos.

Hay casas en las que, por ejemplo, sabemos que se ha vivido un divorcio traumático y observamos cómo se arrastra ese tipo de energía hacia las siguientes parejas que entran a vivir en el espacio generando sobre el lugar más divorcios o desencuentros. Otras veces las casas conservan otro tipo de energía: carencia (deudas), frustración, enfermedad, infidelidad, tristeza, lucha… Sea lo que sea, nuestra sensación como nuevos habitantes (especialmente cuando se trata de herencias o casas antiguas) puede ser el sentirnos disarmónicos con el lugar y con la sensación de que, hagamos lo que hagamos, la casa parece querer echarnos allí. Algo similar ocurre cuando deseamos vender un lugar o levantar sobre él un nuevo proyecto y nos damos cuenta de que no acaba de fluir en la dirección que nosotros querríamos.

¿Qué puede estar bloqueando la energía de la casa para que no nos acoja?

Las experiencias pueden ser muchas, y pueden tratarse tanto de “recuerdos” o memorias que adquiere el lugar como “cargas” o proyecciones que personas (fallecidas o no) hacen sobre el sitio, como por ejemplo:

  • experiencias traumáticas: divorcios, maltratos, adicciones, abandonos,…
  • situaciones sin concluir: fallecimiento repentino, “malas artes” en la adquisición de la vivienda…
  • sacrificios de animales

Todo esto conforma la energía del lugar y ese es el patrón vibratorio que aceptará cuando alguien nuevo quiera instalarse o la persona que lleve viviendo muchos años pretenda hacer un cambio trascendente.

¿De qué manera se puede solucionar esto?

Dependiendo del caso normalmente abordo diferentes cuestiones que pretenden dejar la energía de la casa neutra, eliminando cualquier ancla que no permita desarrollar la vida con normalidad. Para ello puede ser necesario, por ejemplo:

  • ejercer como mediadora entre las personas (familiares o no) que ya fallecieron pero que, o bien no transcendieron o por alguna razón continúan atrapadas / ligadas al lugar. Los motivos que les llevan a esta situación pueden ser que: dejaran algo inconcluso, no estén conformes con cómo hacemos las cosas, dejaran secretos en el lugar, necesiten ser dignificadas…
  • escuchar qué necesita la casa, qué tipo de familia o experiencias desea acoger, qué necesita para cambiar su receptividad, en qué casos va a mostrar una energía favorable de crecimiento para la persona…
  • liberar almas de animales que estén atrapadas en el lugar

Lo prioritario en este tipo de trabajos es el bienestar de todos los seres involucrados, por lo que mi objetivo no es “echar” a nadie del lugar ni favorecer la partida de seres que no estén preparados para irse. Del mismo modo, tampoco hago uso de ninguna técnica o práctica que no sea la comunicación con el espacio y los seres afectados por esa liberación.

Por todo esto es necesario que la persona que inicie este trayecto tenga voluntad de escucha hacia el lugar y las experiencias que guarda para que un cambio pueda ocurrir y aceptando de antemano que tal vez ese espacio, aun libre de cargas, no sea un lugar que pueda acogerle o que le permita crecimiento.

Y, ¿por qué es positivo hacer este tipo de liberación o neutralización?

A mayores de lo obvio… ¡Bastante diversas son ya las mochilas que cargamos! Pues al menos vivamos con ellas en entornos que nos permitan solventar nuestras cargas y experiencias sin las trabas que las circunstancias que otros vivieron nos puedan aportar. Si ya de por sí, por nuestras experiencias y energías familiares, tenemos tendencia a ciertos tipos de patrones, cuanto más cuando el lugar en el que vivimos nos pone “un molde” que potencia ese tipo de comportamientos negativos para nuestro crecimiento.

¿Te resuena? ¿Tienes dudas?

A mayores de todos los ejemplos comentados existen muchos otros casos por los que podrías sentir que tu hogar, esa casa que heredaste, ese espacio donde estás intentando iniciar un proyecto… no terminan de acogerte o, por algún motivo, la energía no fluye y las cosas no se concluyen. Si es así contacta conmigo y vemos si un tipo de trabajo como este puede ayudarte o valoramos si tal vez tu circunstancia no se corresponda en sí con el lugar sino que se trate de un bloqueo personal que no te permiten avanzar, en cuyo caso plantearíamos hacer un Encuentro del Alma.