Los cambios, la humildad, y la presencia de Dios en todas las cosas

Cuánto ha cambiado mi vida en los últimos años, aun fluyendo, aun aferrándome… No queda ni el reflejo de lo que fui, e intuyo que en unos años tampoco me reconoceré en la persona que hoy soy. Y a pesar de todo el equipaje acumulado en este viaje me sigo sintiendo una mera aprendiz.

Comentaba hoy con una amiga una idea que en los últimos tiempos ha sido recurrente: cuando comienzo una consulta soy una persona, pero cuando acabo ya soy otra distinta. Sin embargo, haciendo balance, me doy cuenta de que mi vida se ha vuelto una permanente consulta.

Cada día, cuando me levanto doy gracias a Dios, a la vida, por sumar a este trayecto, en este cuerpo llamado Alba, un día más, sumando 30 años ya. Después solo puedo sentir una gran bendición por haber llegado hasta aquí, por seguir aquí, y por comprometerme a llenar los días con tanto significado…

Cuando a la noche me acuesto, agradezco nuevamente haber llegado hasta ese instante, siendo ya una persona distinta que unas horas atrás, con una comprensión de la vida diferente, con unas aspiraciones diferentes y con un camino y un norte diferente. Distinta pero ahí, impermanente y permanente, habitando el mismo cuerpo que el día anterior pero percibiendo la existencia más intensa y llena de matices.

Considero que en estos años me he ido adaptando a las necesidades de cada momento, a los aprendizajes, a las experiencias, desde la aceptación siempre que lo he sentido posible (o siempre que lo he recordado a tiempo), intentando no entrar en la lucha, y recordando llevar a la humildad por compañera, mano a mano, con las rodillas en el suelo y la cabeza reclinada. A pesar de lo dicho, aun con esta actitud de postración ante las circunstancias y ante la vida misma, en ocasiones sigo sintiendo que todo eso no es más que un manifiesto y que es infinito lo que todavía me queda por aprender…

En tiempos como estos, con las situaciones actuales que me rodean, siento que sigue siendo la propia vida mi gran escuela, más allá de los Devas, los Seres de Luz, y cualquier tipo de conexión espiritual o interdimensional. Aun con todo el conocimiento o, mejor dicho, camino andado (el cual intuyo que no terminará nunca), la vida con su lenguaje entramado y complejo continúa susurrándome todo el tiempo: este es el momento de poner en práctica cuánto has integrado realmente.

Siento de esta forma que el día a día, la realidad “real”, me arrastra fuera del entorno controlado, forzado ante las situaciones límite, y me esclarece con los ejemplos prácticos cuánto de los conceptos, de lo teórico, se ha instalado realmente en mi alma y ha pasado a ser parte de las respuestas automáticas sustituyendo a la tensión, la frustración o el rechazo aprendido en otra etapa.

Supongo, y de algún modo siento, que es en las situaciones límite en las que podemos comprobar cuánto de afianzada está nuestra amistad con Dios. Esos son los momentos en que podemos comprobar hasta qué punto Dios se ha instalado en todas nuestras circunstancias o, por el contrario, desde hace cuánto le hemos desterrado de nuestro lado, vaciando el sentido a nuestra realidad.

Respecto a esto último, lo cierto es que hace tiempo que me pesa dar más explicaciones sobre mi vínculo con Dios, lo que comprendo yo por Dios, o cómo he llegado hasta Dios. Es probable que las situaciones y la transformación en la que me encuentro me lleven pronto a detallar algo más sobre esto pero por el momento, en el día de hoy, me limito a referirme a este concepto (si se puede usar aquí esta palabra) como aquello que siento como máxima manifestación de la libertad, expresiva e interpretativa, llena de luz, verdad y presencia y, por tanto, presente en todas las cosas.

Rescaté a raíz de toda esta reflexión un texto (o, mejor dicho, con el recuerdo de ese texto surgió el inicio de esta reflexión) sobre nuestra reacción ante esas circunstancias que a veces nos encontramos en las que todo parece llevarnos a la rigidez, al deseo del control, a la ira, la rabia, la lucha, la incomprensión… La transcripción a la que me refiero, el mensaje del Deva de las Serpientes, sigue removiendo en mí la idea de que, en esas situaciones que hace un momento definía como “límites” (de enfermedad, de desamparo, de injusticia…), el Universo parece tendernos siempre una única mano, un único vínculo con la Vida, con la esperanza, la fe, el conocimiento, el equilibrio, la comprensión… dando de repente sentido a lo vivido y poniendo calma en lo que está por venir.

Para mí, esa mano firme, transparente, única y disponible ante cualquier circunstancia es Dios, más allá de los velos de todas la religiones. Es el Amor, la Luz, que nos permite atisbar algo divino en lo que sea que estemos viviendo, que nos devuelve de nuevo a la Vida, al sentido de vivir, y al deseo de seguir caminando.

Así como lo hice en su momento, comparto de nuevo al final de esta publicación aquel mensaje, con todo el amor y el respeto que me es posible, deseando que llegue y germine en donde pueda ser fructífero, agradeciendo con toda mi alma cada acompañamiento que llegó a mi vida desde ese día, y honrando cada alma sagrada con la que he tenido la bendición de crecer.

Gracias a la vida por traerme maestras y maestros tan diversos y en condiciones tan distintas, de todas las edades y en medio de todas las situaciones imaginables, a los que fueron conscientes de su enseñanza y a los que todavía no lo son tanto. Ojalá pronto comprendamos hasta qué punto el simple hecho de existir puede llegar a cambiar por completo la vida de otra persona, especialmente de las que nunca llegaríamos ni a pensar…

Gracias a la vida por colocarme en aquellos sitios en los que puedo y debo estar, por enseñarme cuándo retirarme, por darme la fuerza para continuar desde el alma aun cuando la mente ya está rendida hace tiempo… Y gracias a mí, por persistir (incluso cuando ya no tengo argumentos), por tener la fe de que más allá del dolor está el amor, y por confiar en que ese amor es lo más grande que tengo para ofrecerle al mundo.

Feliz de seguir aquí, caminando, añado como cierre una última frase, dictada por aquellos que me acompañan y sostienen, e inspiración para haberme decidido a compartir esta reflexión:

En toda sombra hay una luz, y en toda luz habita Dios. Sea cual sea la sombra, y sea cual sea la luz.

Puedes leer el mensaje del Deva de las Serpientes aquí:

Mensaje del Deva de las Serpientes – La Grandeza

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