Los pájaros y la poesía

Cuando pienso en el lugar tan importante que está tomando el silencio en mi vida, me viene a la mente hacer un símil entre el silencio y la vida con el silencio y la música. “El silencio es parte de la música” he oído muchas veces… ¿Cómo se podrían crear hermosas melodías sin respetar los silencios entre nota y nota? Siento que algo similar ocurre con el silencio (la pausa, la calma,el recogimiento, la introspección…) y la creación de nuestra vida desde nuestra más alta vibración.

Con el tiempo he comenzado a apreciar los sonidos tan hermosos que se esconden detrás del silencio, que es el sonido del silencio mismo. A veces, meditando en ese silencio, poco a poco se componen melodías que al ver con atención no representan quizás sonidos que pudiera reconocer fácilmente fuera pero sí que expresan muchos matices en sus vibraciones. Es en esas vibraciones que puedo sentir claramente la presencia de Dios, de los divino, en mí y en cada rincón de todo lo que existe. Cuando, a través de la claridad del silencio, comienzo a sentir gratitud por todo lo que Es, entonces soy capaz de reconocer esa presencia (que es belleza, amor, calma…) en todo lo que me rodea, sea como sea que se manifieste.

Este fin de semana, durante un retiro de silencio, mientras oía a los pájaros cantando justo ante el momento previo del amanecer comprendí lo extensa -y densa- que es su forma de comunicar en ese instante del día, dejándome envolver por sus armonías ante la incapacidad de traducirlo a diálogos cercanos al modo de expresarnos que tenemos los humanos. Acostumbrada al formato conversación en el que me suelo relacionar con los animales, me di cuenta de que los pájaros que habitan libres, en ese canto al sol que está a punto de salir, transmiten conceptos llenos de belleza y de divinidad difíciles de traducir en simples palabras.

Al sentir con atención sus melodías pude darme cuenta de que esos cantos eran un reconocimiento ante la belleza exuberante del nuevo día, ante la presencia divina de cada rama, cada hoja y cada flor… Y por encima de todo esto, esos cantos hablaban de amor. Me sorprendió ver con qué intensidad transmitían su amor hacia los demás, sus anhelos… con una profundidad que muchos humanos ni siquiera llegamos a acariciar.

Me encantó sentir cómo sus cantos no solo hablaban del amor hacia la Tierra y todas sus manifestaciones sino también del amor hacia el otro, el compañero, reconociendo su presencia (aun sin estar presente), manifestando sus anhelos de compartir un mismo vuelo en un nuevo día.

Me postro ante la belleza con la que los pájaros son capaces de expresar su amor hacia el otro, al reencuentro de la mañana tras su primer vuelo, dejando confusión a veces de si en realidad cantaban a Dios, a un compañero de vuelo, a una pareja, o a los tres unificados en un mismo ser. Con todo esto, siento aclarar que limitar todo lo que sentí en ese momento a unos poemas probablemente sea insultante pero de algún modo siento necesidad de compartirlos, con la misma humildad con la que intentaría plasmar la belleza de este maravilloso planeta en el dibujo de una servilleta.

Los siguientes poemas fueron escritos seguidos con la inspiración-creación del canto de los pájaros en el tiempo que tardó el sábado en salir el sol. Con tal inmensidad de percepciones y, como muestro en el cuarto poema, sería difícil definir en dónde comienza mi voz y en dónde la de los pájaros, pues por momentos tenía la sensación de que ambos éramos lo mismo y, por tanto, no podíamos hablar un lenguaje diferente.

***

¿Dónde estás amado mío?

Pues llevo esperándote toda la noche

y ya entrando el alba

todavía no te veo.

Mis cantos al sol,

tus alas al vuelo…

Te amo aun sin verte.

Te espero por siempre.

Y aun cuando creo verte

nunca te veo.

***

Hermosas las hojas,

hermoso amado Dios,

tuyo, mío, de nadie.

En todos,

en ningún lugar.

Todo y nada a la vez.

La belleza en las esquinas,

la magia en la esencia,

materia y firmamento,

sin forma y bien conformado.

Cambio constante.

Así eres tú,

y así soy yo.

Cómo ser distintos de aquel que nos creó.

Cuando no te encuentro

solo tengo que ver sus obras

y ahí estás, en cada una de ellas.

Porque tú eres amor

y Dios pone el amor a cada una de sus creaciones.

***

Oírte me da calma,

canta pajarillo, canta,

la vida nos espera.

***

¿Acaso he dejado de oír al pájaro

para oír solo mi voz?

¿Dónde empieza el pájaro

y dónde empiezo yo?

Si Dios nos habita a ambos

porqué hablar de ti, de mí,

pudiendo hablar del todo

o, mejor aún,

pudiendo no hablar de nada.

***

Tu canto un susurro.

Ruuu… Ruuu…

Que no finalice nunca,

pues donde hay un canto vibra mi corazón.

¿A dónde iré si no siento lugar al que ir?

Mi mente en tu mente,

mi voz en tu voz…

Aunque no vuelvas nunca

déjame aquí tu canción.

***

Dure lo que dure la mañana

regresa siempre a mí en la noche.

Lleguen a donde lleguen tus alas

que me encuentren siempre al paso.

Estés en donde estés

no nos perdamos nunca.

***

Share this Post!

Related post

0 Comment

Leave a Comment

Your email address will not be published.