Reflexión para el fin de semana

El fin de semana suele representar una oportunidad para intentar hacer las cosas de un modo diferente. Es el momento en que paramos, respiramos (y nos inspiramos) llenándonos de buenos propósitos.

Por lo general, sentimos que nos invade una energía diferente que nos invita a estar más activos e incluso creativos. La cuestión es que, demasiadas veces, nuestros miedos y nuestra frustración no nos permiten ver de frente esas nuevas perspectivas por lo que encendemos la tele, nos comemos una pizza y acallamos esa voz interior que puede llegar a ser tan molesta.

Cualquier cambio implica compromiso, y los compromisos constancia, valor y hasta puede que algo de alegría y humor para que no nos acaben resultando lapidantes. Con el tiempo voy comprobando que quizás haya un factor vital en cada cambio: no sentirnos solos.

Cuando compartes tus compromisos con los seres a los que amas éstos se afianzan y se vuelven cada vez más sólidos. Cuántas más personas te acompañan más fuerte se vuelve tu voluntad. Por esto, cuando te comprometas a algo grande no lo ocultes por miedo a fracasar sino que atrévete a compartirlo, con tus amigos, con tu comunidad, para que cuando tus fuerzas decaigan tengas siempre el aliento de alguien que te recuerde en donde estaba el horizonte que ibas buscando.

La comunidad al final la formamos todos. Nos vamos uniendo según nos sentimos afines y ahí, entre nosotros, creamos la fortaleza de unos con otros. Aunque nuestros caminos sean diferentes, la autenticidad de lo que hacemos (y lo que somos) hace que nos aninemos a juntarnos y que disfrutemos de compartir nuestra presencia y experiencia con los demás.

Un abrazo grande ¡y feliz viernes!

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