Renovar nuestra entrega

Ayer trabajando con un gato hablábamos sobre lo imprescindible de renovar con frecuencia nuestra entrega hacia los seres que amamos. Esto se traduce en el ejemplo en que, cuando demos una nueva oportunidad a nuestra pareja, hijo, hermano… la demos íntegramente, sin peros y sin hacer recordatorio de la retahíla de veces que hemos dado ese voto de confianza previamente.

Este “consejo” me hizo reflexionar sobre la cantidad de veces que brindamos nuevas oportunidades a los demás añadiendo -muchas veces de forma inconsciente- una lista de condiciones como coletilla, o peor aun, el reproche y alerta permanente en nuestra mente.

En ocasiones, a esta situación se suma el concepto de la justicia propio pues, aunque en nuestro sentir profundo ese nuevo intento no solo es correcto sino que es la opción más sentida, sin embargo nuestra mente lógica (y generalmente nuestro entorno voluntarioso de ayudar…) pretenden convencernos de lo contrario.

Cuando aun con todo esto pesa en nuestra determinación más el corazón que todo lo demás, ¿qué sentido tiene entonces recordar las veces que nos han fallado anteriormente o traer al presente algo que ya no es coherente a esa nueva etapa con la que nos estamos comprometiendo?

En el caso, si yo te digo “confío en ti”, no es “confío en ti pero”, es simplemente “confío en ti”, libre de mochilas. Podrás responder “uy sí, pero es que…”, entonces ya no es “confío”… es “tengo voluntad de confiar”, y eso establece en la unión de ese vínculo un punto de anclaje bastante diferente.

Al final, dar a los demás una nueva oportunidad es poner de nuevo la visión amorosa sobre el otro, y no hay amor que se sostenga si lo encerramos en un contrato. Esto me lleva a reflexionar sobre la diferencia entre un contrato y un compromiso, pues en este último respetamos al otro en su totalidad, en lo que manifieste, sin cláusulas extra, con el total permiso permanente para ambos de participar o no en la continuidad de esa relación.

Amar al otro es amar todo lo que el otro es, incluso lo que no manifiesta abiertamente. Comprometernos a creer en el otro establece un vínculo puro, libre de miedos y de expectativas en el cual el de en frente tiene total libertad para manifestarse como sienta, como desee, sabiendo que nuestra forma de verle y de relacionarnos no cambiará con las decisiones que tome (o con el éxito o “fracaso” de las mismas).

Creo que a esto se refería ese gato con lo de renovar completamente la entrega: lo de ayer no existe en este presente y lo de hoy, sea lo que sea, es aceptado y vivido con la misma frescura que la primera vez. Pienso que esto es algo bastante cercano al amor incondicional, y si lo planteamos desde ahí puede llegar a traducirse en paz y crecimiento para todas las partes.

Share this Post!

Related post

0 Comment

Leave a Comment

Your email address will not be published.