Respuestas a las preguntas de los socios de APMOU sobre la comunicación animal

Como te comentaba en la publicación sobre los 10 hábitos que podemos aprender de los animales para vivir más felices, los socios de APMOU me han planteado algunas preguntas para comprender mejor mi labor, ¡y yo me las he tomado como un reto!

Como es obvio, las respuestas están basadas en mi experiencia, en los casos que llevo gestionado, en las muchas horas de comunicaciones… por lo que es posible que mi visión no coincida con la de otros comunicadores. Trabajar con seres vivos (en constante cambio) hace que cada uno asuma su labor de una forma única y eso hace de esta labor algo maravilloso.

Gracias por vuestro interés y por invitarme a poner en palabras experiencias del día a día. ¡Ha sido un gran reto!

Abrazos.

1. ¿Qué es una comunicadora animal?

El comunicador o comunicadora animal es una persona cuya labor es la de hacer de intérprete entre el ser humano y otras especies animales. Cómo se da ese “puente” es algo que puede variar de un comunicador a otro, pero en general a través de esa herramienta la persona que comparte su vida con otros animales podrá conocer qué siente, qué piensa o qué necesita el animal con el que convive.

En mi caso, la comunicación animal representa un espacio para mediar entre el animal doméstico (perro, gato, caballo…) y su familia humana, de forma que ambas partes sientan sus necesidades satisfechas y, de ese modo, puedan relacionarse de una forma más profunda.

La comunicación animal también se puede utilizar para conectarse con animales salvajes, con grupos de animales e incluso con especies de animales (Devas).

2. ¿Qué tipo de transtornos te encuentras?

Como bien apunta la pregunta, lo cierto es que la mayoría de consultas suelen venir motivadas por un “trastorno” aunque también es cierto que existe una minoría que decide concertar una comunicación con su animal con el único objetivo de conocerle en mayor profundidad y satisfacer mejor sus necesidades (físicas, mentales o incluso espirituales).

En este punto también habría que aclarar que la comunicación animal no es etología, ni adiestramiento, ni tampoco educación, y por supuesto no es veterinaria. Lo más sencillo, en nuestro lenguaje, sería hablar de un intérprete de otras especies animales el cuál puede saber exactamente qué siente y qué necesita el animal.

No se trata de observar el comportamiento, ni la posición corporal… sino de una comunicación más parecida a lo que entendemos como telepatía aunque, en lo real, es mucho más profundo. Según las habilidades del comunicador es posible entrar incluso dentro del cuerpo del propio animal y sentir igual que el animal; esto es muy útil por ejemplo ante una enfermedad física. También es posible acceder al pensamiento y a las emociones sin ver si quiera al animal físicamente.

Aclarado todo eso, tomo la pregunta como qué es lo que motiva a una persona a concertar una consulta de comunicación… Diría que existen algunas motivaciones más frecuentes como por ejemplo:

  • saber cómo se siente física y emocionalmente ante una enfermedad
  • cómo está viviendo cierto tratamiento
  • si desea someterse a una intervención o terapia concreta (por ejemplo cuando no hay garantías y su responsable duda entre opciones)
  • si desea recibir o no eutanasia
  • si quiere vivir en uno u otro lugar (p.e. separaciones)
  • cómo lleva la incorporación o la ausencia de miembros en la familia (nacimientos o defunciones)
  • qué siente por las personas con las que convive
  • qué necesita para sentirse realizado
  • porqué se lleva mal con otros perros
  • porqué hace pis en la cama
  • si quiere compartir vida con otros animales
  • si quiere cruzarse
  • qué opina de ser esterilizado

¡La lista es interminable! En cualquier caso la comunicación abre una vía de conexión con el animal la cual permite preguntarle y transmitirle cualquier tipo de información siempre que esté dentro de una ética (que se busque el bienestar del animal, que se respete la intimidad de todos los miembros de la familia, que la motivación no sea simple curiosidad…). Desde ahí surgen preguntas que van desde la convivencia del día a día hasta conversaciones de tipo profundo como el sentido de la propia vida.

3. ¿Qué piensan los veterinarios al respecto sobre los comunicadores?

¡Todavía sigo buscando veterinarios/as en mi zona con los que colaborar! (Risa).

Mi experiencia con los veterinarios está muy dividida… Colaboro con algunas veterinarias (todas ellas mujeres) de España e incluso de América Latina que trabajan a una distancia prudente de la corriente veterinaria habitual. Trabajar con ellas es maravilloso y la experiencia siempre ha sido enriquecedora.

Si convives con animales te habrás encontrado alguna vez con ese pequeño limbo en el que los veterinarios no saben ante qué se encuentran y comienzan a probar tratamientos, a hacer (y repetir) más pruebas que no siempre llegan a algún lugar… Y eso puede ser muy desesperante, para ti y para el animal.

La comunicación no es diagnóstico, esto hay que tenerlo claro, su valor sería el mismo que preguntarle a un paciente cómo se siente. Y eso, ¿sirve para algo? Te lo cuento con un ejemplo sencillo:

Resulta que has empezado a vomitar cada vez que comes, y alguien que te quiere mucho te lleva al médico, sin preguntarte. Te hacen un montón de pruebas para ti muy estresantes y desagradables pero siguen sin tener clara cuál puede ser la causa, así que empiezan a darte algunos medicamentos, a cambiarte la comida y cosas así, para ir probando. Nadie te ha preguntado cómo te sientes, ni dónde te duele, ni cómo es el dolor, ni si estás preocupado por algo, ni si sientes mejoría con este tratamiento, o si quieres someterte a repetir por enésima vez las mismas pruebas en otro veterinario diferente. Esto es el mundo veterinario de hoy.

Los hay que se niegan directamente a oír hablar de comunicadores, y otros tantos que, en extrema confianza, pueden oír la opinión del animal aunque jamás sugerirían a un “cliente” que fuese a preguntar a un comunicador porqué el gato se pone a maullar en medio del pasillo a las 3 de la mañana.

Queda mucho por hacer.

4. ¿Hay muchos escépticos?

Supongo, pero a mí casi no me han tocado (risa). No sé si por suerte o por gracia las personas que me contactan para que me comunique con sus animales tienen claro lo que quieren y lo que buscan. También es cierto que por mi parte siempre sondeo las motivaciones antes de concretar una consulta, de esa forma me aseguro de que ambos tenemos claro qué esperar del encuentro.

Por otra parte, las personas que están dispuestas a pagar por una comunicación con sus animales es porque se han informado, han buscado, han leído, han comparado… o incluso tienen amigos o familiares que ya han trabajado con algún comunicador. Esto último cada vez es más habitual.

Retomando el escepticismo, ¡sí me he encontrado con parejas escépticas! Es decir, compañeros de las personas que me llaman para trabajar y que están presentes durante la consulta. Aun así, la experiencia siempre ha sido bonita, pues al finalizar coinciden en que han “reconocido” al animal es esto y en aquello que decía. Esta situación es frecuente en las consultas, que cuando les estoy hablando de “el perro dice…” ellos sienten que hay verdad en lo que escuchan y que plasma lo que ellos ven todos los días.

Los animales son muy sabios y siempre saben elegir qué transmitir para que las personas les reconozcan (por ejemplo cuando hablan sobre lo que más les gusta o lo que menos de su responsable).

5. ¿Qué tipo de lesiones tratas?

La comunicación como tal no trata lesiones, quizás con esta pregunta sea necesario aclarar como decía en la segunda pregunta que no se trata de fisioterapia, tampoco quiropráctica, ni educación, ni adiestramiento… La comunicación si acaso podría sanar las lesiones del corazón (de un modo simbólico claro está), aunque eso depende del comunicador y de cómo aborde la comunicación.

En mi caso, me gusta plantear siempre las comunicaciones desde una visión espiritual, que prime la visión profunda sobre la mundana. Es decir, no suelo tener mucho interés en las preguntas de tipo “qué pelota te gusta más”, sino por otras como “qué es lo que más adoras de vivir”.

Lo cierto es que muchos animales experimentan cambios por el simple hecho de hablar, de poder expresarse, de contar lo que sienten… y esto suele ser así porque nosotros, después de oírles, ya no volvemos a ser los mismos con el animal: sencillamente hemos dejado de verles de la misma forma. Así, el animal y la persona empiezan a moverse como un tándem, el vínculo mejora y la relación y la convivencia también.

6. ¿Hay sanación a distancia?

Esta pregunta no sé si se trata de una pregunta de opinión (risa). Cabe aclarar en este punto que la comunicación animal no es sanación aunque existen comunicadores animales que hacen también sanación u otras terapias a mayores para complementan su labor, aunque no tengan nada que ver con la comunicación.

Cuando entro en comunicación con el animal, el espacio que se genera entre ambos puede ser muy reconfortante, pero porque así es la comprensión profunda, la escucha profunda y la presencia auténtica. Por este motivo, la comunicación animal, al menos como yo la practico, no se puede definir como telepatía, sino que es una entrega absoluta hacia el animal lo que permite recibirle al completo como es, como si yo fuera durante ese tiempo el propio animal.

Si el animal desea tomar la energía que se genera en ese espacio de encuentro para su beneficio puede hacerlo, pero por mi parte no se genera ningún tipo de intención sanadora. Mis opiniones sobre esto quizás se extenderían demasiado, aun así, si resulta de vuestro interés podría hablar de ello en otro momento.

En cuanto al matiz de la “distancia”, en lo que se refiere a la comunicación esta no entiende de kilómetros, se puede llevar a cabo físicamente o a distancia, aunque esto también puede variar según el comunicador. Continúo hablando sobre esto en la siguiente pregunta.

7. ¿Cómo puede comunicarse con los animales? ¿por una mirada? ¿les oye? ¿nos puede explicar cómo es la sensación?

Quizás te haya pasado que estés en la cola del supermercado y, de repente, tengas la certeza de que la persona que va delante tuya está pasando un mal momento, aunque no le conozcas de nada. También puede ocurrir que veas a tu mejor amigo entrar por la puerta, y en un segundo, sin más, sepas que está preocupado por algo. A lo largo del día tenemos momentos “intuitivos” en los que sentimos que algo no va bien en los demás.

Para mí hay un ejemplo mejor que sería el de las madres, las cuales solo con ver a sus hijos saben qué necesitan, qué les molesta… sin necesidad de estudiar su postura corporal o su tono de voz, sencillamente lo saben. Pues bien, la comunicación animal es algo parecido.

Como decía antes, existen muchas formas de entablar comunicación: puede ser con una técnica telepática, con una conexión corazón a corazón, o incluso con alguna práctica inexplicable pero con igual resultado. La comunicación es algo que todos los seres humanos llevamos dentro, solo que algunos la desarrollan más y otro menos, pero como cualquier lenguaje, es asequible para todos con el esfuerzo adecuado.

Si convives con un perro o un gato, y tenéis una relación estrecha, sabrás cuándo quiere salir a pasear, cuándo necesita comer, cuándo quiere mimos, o cuándo prefiere no saber nada de ti. Simplemente lo sabes porque en ti hay un vínculo, un silencio y una presencia hacia al animal que hace que eso sea posible. La comunicación animal va un paso más allá, es como extrapolar ese vínculo y esa presencia a cualquier animal y amplificar un poco más (o mucho más dependiendo de la práctica) tu nivel de percepción.

En mi caso, cuando observo a un animal (sea a través de una foto o físicamente) siento lo que el animal siente, y en mi mente está lo que él piensa, lo que le preocupa, lo que necesita, sus anhelos, sus miedos… El animal se vuelve como un libro abierto para mí, y mi labor se convierte en saber en qué página buscar para poder ayudarle.

No obstante, la comunicación se puede practicar con dirección (como si fuese una entrevista en la que uno pregunta y el otro responde) o sin dirección (en donde el comunicador “es” durante un tiempo el animal). Yo practico las dos formas según el caso, pero cada comunicador trabaja de una forma diferente. En cualquier caso siento aclarar que el comunicador permanece todo el tiempo consciente del lugar y el momento en el que está, es decir ¡no se trata de ningún trance o algo parecido! (risa).

Respecto a la última pregunta de este bloque, la “sensación”, se ha vuelto algo natural para mí, aunque recuerdo que al principio sentía mucha paz, plenitud y verdad al conectar con ellos. En estos momentos diría que esa sensación me acompaña siempre y es parte de mí.

8. ¿Qué puedo hacer si mi perro muerde?

Cuando las personas me contactan por casos de animales reactivos yo suelo explicar que la comunicación nos permite saber qué motiva a esa reacción pero en ningún caso pretende cambiar al animal. La comunicación es un modo de expresión no de persuasión. En mi forma de trabajar no se pretende en ningún momento cambiar al animal sino comprenderle en profundidad para buscar la mejor forma de ayudarle.

Mi experiencia con este tipo de casos suele ser el trabajo conjunto con educadores caninos, de forma que la comunicación de soporte al educador para ver hacia dónde enfocar las prácticas y ayudar así mejor al animal. En este aspecto, a diferencia de la pregunta sobre los veterinarios, los educadores se muestran agradecidos ante la labor del comunicador ya que les ayuda a salir de callejones en los que a veces el animal deja de progresar y se desconoce el motivo.

Es hermoso trabajar en conjunto la educación, la familia y la comunicación. Cuando salen este tipo de reacciones, en comunicación observamos los miedos de la persona, los traumas del animal, sus miedos, sus inquietudes (protegerte, protegerse, reafirmarse, reafirmarte…) y con toda esa información vamos acotando formas para ayudarlos a todos, como equipo.

9. ¿Qué son los Devas?

Los Devas son las energías guía de las especies. En un ejemplo, el gato con el que convives permanece todo el tiempo conectado a una “voz superior” que le guía y que determina el curso de su especie. Los animales, en especial domésticos, no siempre son conscientes de esta conexión y a pesar de ello sí reciben ciertas intuiciones que les llevan a actuar de una manera determinada. Esto se observa con mayor claridad en el comportamiento de animales perdidos, ampliando lo que entendemos por “instinto”.

El trabajo con los Devas para mí es muy hermoso. En estos momentos realizo comunicaciones con ellos de manera divulgativa, compartiendo los mensajes que desean transmitir a los seres humanos. Soy consciente de que a nuestra especie le cuesta a veces aceptar la existencia de los Devas, ¡bastante es aceptar que un animal físico pueda comunicarse! (risa). Sin embargo están ahí, y en su mayoría desean ayudarnos a tomar mayor conciencia y volver a conectarnos con este planeta.

10. ¿Qué significa “kensho”?

El kensho, con palabras sencillas, se refiere a un estado de la conciencia durante el cual percibimos la realidad tal cual Es. Hace referencia a un instante breve en el que la realidad se percibe sin velos (egos, juicios, formas…), pero solo dura un momento, después se esfuma y la realidad se vuelve menos brillante (sonrisa). Sin embargo, con la práctica ese estado de kensho puede repetirse muchas veces y volverse permanente; entonces se habla del satori, que sería como la iluminación permanente.

En el año 2012, cuando comenzaba a entrar con mayor profundidad en la práctica espiritual conocí este término y me gustó tanto que lo hice parte de mí, de mi nombre. Desde ahí, empecé a experimentar con mayor frecuencia ese tipo de “momentos”.

Cuando descubrí la comunicación animal viví un kensho en el que la realidad ya nunca volvió a ser la misma. Por ese motivo decidí también que representara este proyecto, porque para mí la comunicación puede convertirse en un camino de despertar para quien la practica.

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