Roles

Los animales que nos acompañan pueden estar desempeñando con nosotros varios tipos de roles, los cuales acostumbran a ser mucho más profundos que el concepto humano-gato o humano-perro con el que solemos quedarnos a simple vista. Por rango familiar, algunos ejemplos en los que pueden sentirse identificados podrían ser: hijo/a, padre, madre, abuelo/a, amigo/a, pareja; o según sus funciones: cuidador, guardián, etc.

Por lo general creemos que ellos, de vernos, nos ven como mamás o papás por el hecho de que nosotros les vemos a ellos como hijas e hijos. Es evidente que son nuestros miedos y nuestra visión proyectada sobre ellos -creyéndoles tan vulnerables- lo que hace que nos limitemos muchas veces a observarles de un modo tan acotado.

En relación a lo anterior, lo curioso es que aun cuando vemos en el animal a un “abuelete” seguimos en la creencia de que él sigue siendo nuestro bebé y, por tanto, nosotros sus papás (lo cual, por cierto, nos convierte entonces en humanos extralongevos). En estas situaciones, reflexionemos: ¿el papel que tomamos responde a su necesidad o a la nuestra?

Ayer trabajaba con un perro de 12 años que hablaba de cómo su responsable proyecta sobre él una relación la cual le hace sentir en un vínculo jerárquico en el que se supone que la humana es la protectora y el perro el bebé que debe ser protegido. Este tipo de situación, bastante habitual, hace que el animal sienta que su humana le percibe débil y vulnerable (por eso ha de ser protegido) mientras que su propio autoconcepto es de rudeza y autosuficiencia.

En el caso que comento, para el perro la relación que ambos mantienen es de compañeros, algo más parecido a la camaradería que a los roles de padres e hijos. Sin embargo, consciente de las necesidades de la persona que le acompaña, acepta recibir toda esa atención desmesurada aunque anhele sentir un poco más de libertad física y mental. Oírle me llevó a darme cuenta de que, de querer seguir manteniendo esa descripción madre-hijo, sería más correcto hablar de un hijo adolescente -en el sentido de aquel que desea despegarse de su madre para ir a su “rollo”- que de un bebé.

Gracias a esta comunicación, su responsable pudo reconocer esta situación y ofrecer al perro el lugar que necesita en estos momentos. Esto no implica dejar de darle mimitos sino observar con atención que existe un momento para las caricias y otro para la intimidad. Además, conceder ese espacio a los seres que amamos permite a ambos entrar en contacto con los vacíos y sanar heridas que solo los ratitos de silencio y recogimiento pueden mostrar.

¿En qué rol te identificas con los seres con los que convives? Si observas con detenimiento, ¿sientes que los otros se identifican en el rol que tú les dejas pautado o, por el contrario, crees que están más cómodos en un rol diferente?

Siento que conocer los roles de perros y gatos nos permite, por un lado, relacionarnos de un modo más acorde a lo que ellos necesitan y por otra parte detectar qué necesidades afectivas estamos cubriendo en nosotros con nuestra forma de relacionarnos.

Un abrazo y feliz fin de semana.

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