Sabemos qué nos da aire, y qué nos lo quita

Hay un anhelo de naturaleza dentro de mí que late cada vez más fuerte. Ya no solo se trata de rodearme de espacios verdes, ni siquiera de animales salvajes, sino de permanecer conectada a algo mucho más profundo que lo que sea que pudiera ofrecerme la vida urbana que conocí. Ese anhelo de naturaleza lo que me pide es Ser, Natural, y rodearme solo de aquello que potencie la naturalidad.

En estas semanas he reafirmado cierto hastío tecnológico. Me he empezado a sentir cansada con el hecho de tener que relacionarme a través de redes sociales, con un teléfono o un ordenador siempre de por medio. Incluso he vuelto a escribir cartas, a dibujar…; si vamos a relacionarnos a distancia al menos que podamos disfrutar de focalizar toda nuestra atención en la otra persona, libre de más estímulos que los que de por sí nos ofrece estar vivos.

Cuando echo la vista hacia fuera, puedo sentir que esta situación no habla solo de mí.

Hace poco escribía en una publicación sobre los círculos de apoyo, esos espacios en los que poder ser auténtico (espontáneo, transparente) con los seres a los que amamos. Se generaron dos tipos de reacciones: 1) quienes compartían que tenían ya creado su propio círculo y que les resultaba maravilloso, aunque pequeño (todos son pequeños!); 2) quienes preguntaban: ¿en dónde están escondidas esas personas con las que poder ser auténtico?

De pronto, estamos sedientos de abrazarnos de verdad, de mimarnos de verdad, de sonreír de verdad y, en general, de Ser de Verdad.

Hemos despertado. Ya no nos apetece seguir camuflándonos en alguien que no somos, no queremos esconder ni canas, ni barriga, ni tristezas, ni mucho menos ¡efusivas risas! Sin embargo, este tiempo de distanciamiento, y a la vez de reflexión, nos ha permitido ver que quizás no sean tantas las personas en nuestra vida que viven natural-mente. Pero, ¿cómo vives tú?

A veces tenemos el anhelo de rodearnos de personas extraordinarias pero nosotros mismos no estamos dispuesto a dar nuestro cien, a mostrarnos sin complejos, o a dar sin necesitar recibir. Necesitamos ponerlo todo en aprender a amarnos y a liberarnos antes de frustrarnos ante nuestro vacío emocional.

En mi experiencia, la mejor búsqueda es aquella en la que uno se busca a sí mismo, y a lo largo de ese camino, se permite ser encontrado por otros seres. No se trata de buscar quien nos haga felices, sino de descubrir en nosotros mismos (y en este misterioso planeta que nos acoge) todas esas oportunidades para experimentar auténtica felicidad, y explotarlas.

En concreto, ¿de qué te estoy hablando? De dar un paseo por el bosque, de meter los pies en el agua fría del río, de oír el canto de los pájaros, de jugar con barro, de volver a volar una cometa, de bailar sin complejos, de abrazarnos sudados sin importar cuan mojados estemos, de reír con unas marionetas, y de emocionarnos al saber que este instante, tan espectacular, sencillo y maravilloso, solo durará el tiempo que tú le insufles aire, el tiempo que desees llenarlo de vida.

Siento que la situación que estamos viviendo nos lleva de lleno a replantearnos nuestro centro, lo que mueve nuestra vida y lo que la sustenta. Muchas personas se están replanteando su trabajo, su hogar e incluso lo que quieren ofrecer a su familia, pero ¿de dónde parte todo eso? Si nuestra brújula interna ha cambiado de dirección e insistimos en caminar en la dirección contraria (la antigua) lo único que sentiremos será cada vez menos energía, menos vitalidad y menos alegría.

Seamos honestos, todos sabemos qué nos da aire, y qué nos lo quita.

Te animo a que busques espacios en los que poder expresar tu afinidad por este planeta, y descubrir (y explayar) tu amor por las personas que lo habitan. Quizás de algo de vértigo, pero ¿qué daría sino sentido a este día? Amar y acompañar a otros en ese amor.

Abrazos.

PD. Esta publicación viene al hilo de la emoción que sentí cuando me propusieron colaborar este año en Cañiza Natura y de lo importante que siento que se lleve a cabo, especialmente en estos tiempos.

He reflexionado sobre ello estos días, y pienso que lo que le da tanto valor a este encuentro es que, lo que se espera de cada uno -facilitador o participante-, sea que toque precisamente ese brillo especial que lleva dentro y que le hace una estrella única en medio de un mar infinito de otras hermosas estrellas.

Este espacio de encuentro en la naturaleza está abierto para personas de todas las edades, incluidas familias y por supuesto personas que quieran acudir solas. Creo que es una iniciativa que merece todo el apoyo y difusión, por eso lo comparto contigo, porque quizás parte de mi función aquí sea abrirte a un mundo más verde, y este encuentro lo plasma con creces.

Puedes ver más información aquí: https://www.paradanta.com

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2 Comments
  1. Ana 9 mayo, 2020 at 19:44 - Reply

    Es un reflexión tan inspiradora ; Muchas Gracias Alba por plasmar estos momentos de introspección de los que muchos estamos viviendo.
    Gracias por el acompañamiento
    Un gran Abrazo
    Ana

    • Alba Kensho 11 mayo, 2020 at 08:49 - Reply

      Querida Ana,
      En silencio, forzoso o voluntario, podemos apreciar más que nunca que no hay distancia que nos separe. En la fuerza del viento y en el calor de un rayo de sol seguimos todas y todos unidos.
      Abrazos!

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