Seguir estando presentes

Cuantos más miembros tiene una familia más complejo se vuelve administrar el tiempo para continuar estando igual de “presentes” con todos ellos. Quizás el mayor conflicto nos venga de esa lucha que nos lleva a creer que todo sigue siendo igual cuando, en realidad, ni nosotros ni las circunstancias somos los mismos.

Si bien es cierto que, cuando alguien nuevo se incorpora nada puede volver a ser como antes, sí que podemos ir encontrando ratitos en los que mostrar a aquellos a los que amamos que sigue habiendo un espacio para ellos y que su lugar en la familia continúa siendo importante. A veces puede ser un instante para leer un cuento, compartir una siesta, o simplemente sentarnos juntos. El encuentro continúa existiendo pero ahora se da en condiciones diferentes.

Sabiendo que lo que nos hace sentirnos amados es ver que el otro está ahí para nosotros, creo que los remedios que propongamos para suavizar las diferencias pueden ser tan válidas para el que tiene un segundo hijo y dispone de menos tiempo para el primero como para el que vive con un gato y trae un perro para casa.

Sentir hoy a Coco y a Thaia durmiendo la siesta a mi lado mientras leía me hizo darme cuenta de lo mucho que los tres echábamos de menos tener más ratitos de pausa para sencillamente no hacer nada, pues aunque pasamos mucho tiempo juntos el trajín de todos los días nos deja menos momentos de “calidad” de los que antes disfrutaban. Reconocer esto es molesto, pero da pie a buscar soluciones.

Leer en el sofá no es tan ergonómico como leer en una silla, ¡pero cuánto me habría perdido de haberme quedado en el escritorio! Supongo que esta es una de tantas cosas que nos enseñan: que al final, adaptándonos un poco, sigue habiendo tiempo para todo.

Feliz comienzo de semana.

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