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Un gorrión que vivirá siempre

El viernes, tras acabar de trabajar, estaba descansando en la cocina cuando oí un fuerte golpe en el cristal. Casi no pude ni verlo pero sabía que había sido un pajarito golpeándose contra la ventana.

Acción o Reacción

Bajé corriendo por las escaleras, me metí entre las plantas para buscarlo y allí lo estaba, abriendo el pico y moviendo un poco las alas mientras permanecía tumbado. Lo cogí entre mis manos y, sin pensarlo demasiado, le dije: ¡No, no, no! Por favor, ¡no te vayas! Venga chico, ¡vamos! ¡Tranquilo!. Precisamente todo lo que no debe decirse en una situación como esa, pero salió de mi boca de carrerilla en piloto automático. Pasaron varios segundos hasta que fui consciente de mi caos, paré entonces en seco y respiré.

Me senté en las escaleras y, respirando ya en calma, lo observé. Era un gorrión, e intentaba respirar como podía, aturdido y asustado, a merced de aquella situación inesperada. A diferencia del instante anterior, me sentía muy centrada y con mucho peso, por lo que comencé a hablarle sobre tranquilidad desde la tranquilidad, y sobre calma desde la calma. Lo arropé con cariño con las dos manos mientras le decía: Ya pasó… Tranquilo… Y automáticamente comencé a hacer una respiración especial a la que he llamado ABDios.

La respiración ABDios

En los últimos años he estado presente en bastantes partidas por lo que he visto a varios animales -incluidos algunos humanos- dejar su cuerpo. En todas esas ocasiones (y en cualquier situación con condiciones límite) he sentido que de mi interior brotaba una profunda paz acompañada de una forma de respirar diferente.

Cuando estoy en un momento crítico, ante el sufrimiento agudo de una persona u otro animal, nace de mi interior una forma de respirar muy profunda y enérgica, con ausencia de mente, durante la cual siento mucho fuerza y a la vez absoluta quietud. En lo que dura ese momento, todo está bien, llenándose de energía, brillo, luz… mientras mi forma de percibir se vuelve mucho más sutil y delicada, sin una mente pensando.

Del A-Dios-B al ABDios

Un día, leyendo un libro de Thay, encontré una explicación sobre distintas formas de rezar que encajaba a la perfección con la sensación que tengo al hacer esa respiración.

Antes, y en especial con el comienzo de todo el proceso de enfermedad de mi madre, yo (A), rezaba a Dios para que mi madre (B) no sufriera. No le pedía que la mantuviese para siempre “viviendo”, sino solo que no sufriera, aunque eso implicase dejarla ir si era necesario. En ese tipo de plegaria, claramente A, B y Dios eran tres cosas diferentes.

Con el paso de los meses, cuando las crisis de mi madre comenzaron a ser realmente graves, nació en mí esa forma peculiar de respirar que describía antes. Sin quererlo ni buscarlo, me sentaba al lado de ella en su cama y comenzaba entonces a respirar con lentitud, profundidad y energía, y con ausencia de mente; al poco tiempo mi madre se quedaba tranquila, relajada y después dormida. Hasta que encontré ese texto de Thay, no había sabido poner palabras a esa sensación y es que en aquel momento, mi madre (B), yo (A) y Dios no éramos tres seres diferentes, sino una única expresión remanifestada.

Desde la primera vez que esa respiración surgió con mi madre he vuelto a realizarla una y otra vez cada vez que las cosas se han puesto realmente serias en términos vitales. Aun así, continúa sin ocurrir de forma voluntaria sino como un reflejo de intuición que va más allá de mi inteligencia, y que me guía diciéndome: ahora, respira. A día de hoy estoy profundizando en ello para intentar entenderlo desde la mente, practicando la concentración y la observación de forma que pueda reproducirlo de manera voluntaria en otras situaciones.

Sin proyección (no-intención)

Volviendo al pajarito, cuando comencé a hacer esa respiración a la que me refiero como ABDios, mi mente estaba vacía, solo había una única proyección: la búsqueda del fin del sufrimiento. Desconocía totalmente si él debía continuar en su cuerpo o no, si debía o no recuperarse, y no tenía ningún interés en resolver esas preguntas sino en permanecer al servicio de algo mayor. Por ello, me limitaba a respirar en ese espacio en el que él, Dios y yo éramos una misma cosa fundidos en un basto campo de energía.

Cada vez que notaba sus alas moverse levemente entre mis manos, mi mente entraba con fuerza acaparando mi atención y diciéndome: ¡Bien! Va a vivir!. Cuando eso ocurría, al instante volvía a la respiración para dejar ir el pensamiento, eliminando así mi deseo y mi concepción del bien y del mal. Volvía a la certeza de que ese pajarito viviría ya por siempre, continuase o no con ese cuerpo,.

Tras un tiempo respirando, en un determinado momento sentí que debía parar y que finalmente el animal dejaría su cuerpo. Abrí los ojos y, justo en ese instante, la Vida abandonó esa forma mientras observaba claramente como su cabeza y todo su cuerpo cambiaban en esa última respiración, relajándose totalmente y cerrando los ojos.

De la vida a la Vida

Permanecí algún tiempo con él en la mano, observándolo profundamente. Me di entonces cuenta de que tanto mi mano como él estaban realmente calientes y latentes. Sentí que aquella forma de pájaro requería de un tiempo para desprenderse de todos esos destellos de luz hasta fundir su vida con la Vida y estar preparado para volver a la tierra.

Un poco más tarde pude percibir con claridad que él ya no estaba allí. Miraba su cuerpo y ya no le veía a él. Comprendí que esa experiencia, el hecho de que nos hubiéramos encontrado en ese último instante, hacía que de algún modo él siguiera viviendo a través de mí, integrándose como parte de mis experiencias. Esas experiencias determinan que en este momento yo sea quien soy y que, por tanto, sea quien seré también mañana: ni igual ni diferente que hoy.

Cuando esta mañana pensaba sobre lo que deseaba compartir contigo, me daba cuenta de lo intensa que fue esta semana en relación a esas formas de ser-estar de la vida, que nos hacen creer que hay algo que viene y que va cuando en realidad la Vida siempre permanece ahí. Tenía un montón de casos sobre los que reflexionar y compartir, sin embargo sentí que sería hermoso que leyeses todo esto pues, desde este instante, la historia de este pequeño gorrión también ha tocado tu vida, y por tanto su energía continuará de algún modo viviendo a través de ti. Qué maravilloso.

Un abrazo, y feliz día.

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